Felices objetivos y próspero plan de acción nuevo. 3 errores fatales que te alejan de tus metas

por | Ene 7, 2019

Felices objetivos y próspero plan de acción nuevo. Esta es mi felicitación “pos-navideña”, aunque no voy a hablar de la navidad. Ya lo hice en otra ocasión (si quieres saber lo que pienso acerca de estas fiestas aquí tienes el enlace).

El caso es que, con el solsticio hiemal (día más corto y noche más larga del año en el hemisferio norte -entrada del invierno- y al contrario en el hemisferio sur), termina un ciclo y empieza otro, y otra vez nos proponemos nuevos objetivos y nos preparamos para tratar de conseguir el éxito y alcanzar nuestras metas.

Pero, el hecho es que la mayoría de las personas no lo conseguirán. Es así de frustrante, un año tras otro nos proponemos un sinfín de objetivos para, poco tiempo después, aburrirnos de ellos y abandonarlos, citando a Joaquín Sabina, “como se abandonan los zapatos viejos”.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo evitarlo? Vamos a ver…

 

Felices objetivos y próspero plan de acción

Empieza la carrera por nuestros nuevos objetivos

 

 


El año pasado es historia


 

Las fiestas y el año anterior ya son historia. Hemos hecho balance y seguro que muchos se habrán quedado más anchos que largos.

Unos porque en el fondo no les importa demasiado el devenir de sus vidas y se plantean objetivos, pero, sin orden ni sentido y, por supuesto, sin un plan. Otros porque son unos cracs y han conseguido alcanzar todas sus metas previstas, o incluso las han superado. Y otros porque ni siquiera se habrán parado a reflexionar sobre el tema y sencillamente se dejan llevar a donde les lleve el primer viento que sople. Este post no es para ninguno de ellos.

Esta entrada es para quienes, habiendo reflexionado sobre las metas que se marcaron el año pasado, se dan cuenta de que no han alcanzado la mayoría, o ninguna de ellas, pero se preocupan por los resultados y se plantean volver a la carga.

Si eres uno de ellos, es probable que te hayas preguntado ¿por qué año tras año se repite la misma situación? ¿Vale la pena marcarse objetivos? ¿Será una pérdida de tiempo?

Al final, tirando de fe y haciendo un esfuerzo, vuelves a preguntarte qué es lo que quieres conseguir a lo largo del año que comienza y te pones manos a la obra, escribiendo en un papel todos tus deseos y tus anhelos.

El problema es que la fe, si no va acompañada de otras virtudes, no es suficiente. No basta con expresar tus deseos, por mucho entusiasmo que le pongas, como si se fuesen a cumplir por arte de magia. Hay que hacer algo más. Pero no sirve seguir haciendo lo mismo de siempre. Tenemos que hacer borrón y cuenta nueva.

 


Borrón y cuenta nueva


 

Si eres un tipo pragmático, estarás revisando lo que hiciste el año pasado para tratar de alcanzar tus metas. Puede que, si eres objetivo y honesto contigo mismo, te des cuenta de tus errores. Y, si eres responsable, decidas tomar buena nota de ellos para aprender lo que tengan que enseñarte.

Cuando creas que ya lo tienes claro, querrás empezar a diseñar tu nuevo plan de acción. Uno infalible que te lleve directo hacia el éxito. Y esto es genial, pero, antes debes tener en cuenta una serie de factores que pueden aguarte la fiesta de nuevo. De lo contrario solo estarás haciendo un remake (adaptación) de una película que ya sabes que no termina como te gustaría.

Lo primero que puedes hacer, si te parece, es tomar conciencia de lo que no funciona. Es cuestión de lógica, lo sé, pero hay muchas personas que insisten en hacer las cosas “a su manera” una y otra vez, aunque no les sirva para llegar a su destino.

Hay una frase, de una película de los 90s, que suelo utilizar porque retrata muy bien a este tipo de personas, entre las que yo mismo me he visto incluido en el pasado (afortunadamente, ya lo superé).

 

“Some motherfuckers are always trying to ice-skate uphill”.

“Algunos cabrones siempre están tratando de patinar sobre hielo cuesta arriba” (Blade -el que ha visto el Sol-).

 

setuelcambio

¿Qué es el éxito? En realidad, no es otra cosa que alcanzar objetivos.

 


Qué es el éxito


 

Hay quienes piensan que el éxito es algo subjetivo, pues depende de lo que cada cual interprete y perciba como tal. Así, el éxito puede ser considerado desde muchos puntos de vista diferentes.

Pero, lo cierto es que el éxito no es una variable caprichosa sino algo perfectamente definido. Podemos definirlo como la recompensa ante el esfuerzo. También, como el estado de bienestar o euforia al que se llega tras conseguir satisfacer necesidades, o cumplir deseos y expectativas. Aunque, en realidad, no es otra cosa que alcanzar objetivos (independientemente del tiempo, trabajo y esfuerzo invertidos).

Cualquier cosa que hayas logrado en tu vida y consideres como un éxito no es más que un objetivo alcanzado. Algo voluble y efímero que los más dependientes del reconocimiento ajeno guardan en su memoria, o en sus vitrinas, y los más arrogantes y presuntuosos suelen utilizar como herramienta para satisfacer a su ego y vanagloriarse.

Lo que sí es subjetivo y depende de cada cual son las metas y objetivos que nos planteemos alcanzar. Por eso, cada uno personaliza el éxito asociándolo con sus propias metas y objetivos.

Con relación a esto, se habla mucho sobre cómo tienes que hacer las cosas para tener éxito. Pero, no se habla tanto acerca de los errores que, con mayor frecuencia, cometen las personas que no tienen éxito y no consiguen sus objetivos. Y esto es de vital importancia ya que, para llegar a tu destino, más que conocer el camino, es necesario evitar los caminos que ya sabes que no te conducen a donde quieres ir.

 


3 errores fatales que te alejan de tus metas


 

Partimos de varias premisas que doy por hecho que ya conoces. Si no es así, deberías incluirlas en la lista de errores fatales.

La primera es que, si este año no has conseguido alcanzar tus metas, no deberías sentirte culpable ni fracasado. La culpa es una emoción inútil que no te beneficia para nada y los fracasos no existen, solo existen resultados, y cada resultado diferente a tus expectativas te facilita información sobre los puntos que puedes mejorar y lo que puedes desechar para acercarte más a tu objetivo.

La segunda es que conoces la diferencia entre deseos y objetivos. Un objetivo es algo tangible, medible y alcanzable, mientras que un deseo, o un sueño, podría serlo, pero también podría no serlo jamás.

La tercera es obvia; debes tener bien definidos tus objetivos y muy claro dónde y cómo quieres estar dentro de un año. Para dar este paso, si quieres, puedes utilizar diferentes herramientas como el modelo SMART o cualquier otro parecido.

¿Ya tienes claros los objetivos que quieres lograr este año? Perfecto. Es hora de ver cuáles pueden ser las principales causas de que no lo consigas.

 


1. Tener una actitud negativa y no estar abierto al cambio


 

Como premisa mayor, tienes que saber que alcanzar cualquier objetivo o meta que te propongas forma parte de un proceso de cambio, sobre todo cuando se trata de viejos objetivos, recurrentes en tu vida. Cuanto más se resistan, más necesario es el cambio, y cuanto antes lo aceptes antes conseguirás alcanzarlos. No aceptarlo y no estar abierto al cambio es un error.

Si quieres conseguir algo en el futuro es porque ahora, en el presente, no lo tienes. Eso significa que lo que has estado haciendo hasta ahora no te ha dado como resultado el fruto que deseas. Para conseguirlo, necesitarás hacer cosas diferentes y si lo consigues habrás experimentado un cambio. Simple ¿verdad?

Por otro lado, ya sabes que, si quieres que algo cambie en tu vida debes ser tú el cambio que buscas. Debes cambiar tú para que tu realidad cambie. No esperes que las cosas cambien solas porque eso no va a ocurrir.

Si quieres cumplir tus objetivos, tienes dos alternativas: cambiar tu actitud con respecto a tus viejos objetivos, que siempre se te resisten, o cambiar de objetivos. En cualquier caso, tendrás que estar abierto al cambio. Si no cambias, seguirás sin alcanzarlos.

Ve convenciendo a tu cerebro de que va a tener que crear nuevos mapas mentales, y tú, prepárate para implantar nuevos hábitos que te ayuden a llegar a tu estado deseado.

Aferrarte a creencias y patrones de comportamiento que no te ayudan en tu misión, es absurdo y una pérdida de tiempo y energía que no te puedes permitir. Solo los ociosos y los mediocres pueden permitirse el lujo de perder el tiempo.

 

Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes” (Albert Einstein).

 


2. La falta de coherencia: Que tus objetivos no estén alineados con tus valores y con tu SER


 

Por desgracia, es muy común proponernos objetivos que, en realidad, no son nuestros y, muchas veces, nos comprometemos a hacer cosas que no queremos hacer.

¿Cuántas veces te has propuesto hacer algo o conseguir alguna cosa, solo porque otros lo están haciendo? También puede ocurrir que, por motivos profesionales, te veas en la “obligación” de alcanzar objetivos impuestos (aunque esto sería otro tema). Pero, en el fondo ¿quién diablos quiere hacer eso?

Cuando elijas tus objetivos es importante que valores, por encima de todo, para qué quieres conseguirlos. No importa el por qué sino el para qué.

Todo objetivo debería estar ligado a un proyecto mayor, un propósito de vida. Esto puede parecerte tremendo, pero ¿acaso no estamos hablando de tu vida? Todo tiene su causa y su efecto y todo es, a la vez, causa y efecto. Entonces, ¿sería bueno valorar los efectos que pueda tener en tu vida alcanzar un objetivo concreto? ¿Sería bueno que todos tus objetivos estuviesen en resonancia y alineados con el estilo de vida que deseas?

 

Hay gente que funciona como una escopeta de perdigones: piensa una cosa, siente otra y sus actos se dispersan sin dirección” (Walter Riso).

 


Acepta el reto de ser coherente


 

Mi propuesta es muy simple, aunque no siempre es fácil. Plantéate solo objetivos inteligentes y coherentes que resuenen positivamente en tu cabeza y en tu corazón. Pregúntate, no por qué, sino para qué quieres alcanzarlos.

Si la respuesta que obtienes está alineada con tu proyecto de vida y tu propósito, adelante. Si no es así, quizá, no deberías ir a por esos objetivos ya que puedes acabar quemado al tratar de cumplirlos. Tal vez, sería mejor que te replantearás las cosas y cambiases de objetivos.

Y, si tu entorno no te acompaña cambia de entorno o cambia tu percepción sobre él (ya sea tu entorno laboral, círculo de amistades o, incluso, familiares). Los límites los pones tú.

Sé que esto es complicado en determinadas situaciones, pero, recuerda que solo tienes una vida y pasa rápido. No la desperdicies viviéndo en un ambiente tóxico o según el criterio de otras personas.

 


3. La falta de motivación


 

Etimológicamente la palabra motivación proviene del latín motivus (movimiento) y el sufijo –ción (acción y efecto). Según esto, la motivación es la causa de una acción, o el motivo que nos impulsa a movernos y tomar acción.

En general, se trata de los estímulos, externos o internos, que mueven a la persona a elegir y realizar determinadas acciones y persistir en ellas para alcanzar una meta.

Pero, el concepto motivación no solo se usa para describir las fuerzas que actúan sobre un individuo, para iniciar y dirigir su conducta. También sirve para explicar los diferentes grados en la intensidad de esta.

Así, es habitual relacionar la motivación, o la falta de ella, con los éxitos o fracasos en los procesos de cambio. La falta de motivación parece ser una causa importante cuando no consigues el rendimiento adecuado para alcanzar tus objetivos. Una alta motivación e interés por el proceso de cambio son fundamentales, por lo que, si no estás lo suficientemente motivado, será muy difícil que consigas llegar hasta el final en tu proceso y lo culmines con éxito.

En relación con los puntos anteriores (apertura al cambio y coherencia), cuanto más abierto y dispuesto al cambio estés y mayor coherencia haya entre tus objetivos y tu proyecto de vida, mayor será tu nivel de motivación y más elevadas las posibilidades de éxito.

En cambio, si ofreces resistencia al cambio, o tus objetivos son incoherentes, porque no son lo que realmente quieres, es muy probable que tu motivación sea baja y el proceso tiene muchas menos posibilidades de éxito. ¿Te suena de algo?

 

La motivación es la probabilidad de que una persona entre, continúe y se comprometa con una estrategia específica de cambio” (Miller y Rollnick).

 


Cuidado con la motivación sin alma


 

La buena noticia es que, como ocurre con otros factores que intervienen en los procesos de cambio y en el crecimiento personal, se puede aprender y desarrollar la capacidad para motivarse. No es algo que te llegue del cielo como una inspiración divina. Por eso es importante que aprendas a motivarte.

No obstante, quiero terminar este punto recordándote que la motivación, por si sola, tampoco es garantía de nada. Es imprescindible que tu motivación tenga alma, es decir, que esté construida sobre una base sólida de objetivos coherentes. Y es necesario que esté avalada por un plan de acción bien diseñado y una estrategia inteligente.

Del mismo modo que “la potencia sin control no sirve de nada”, la motivación sin alma y sin estrategia tampoco.

 

No hay nada más peligroso que un tonto motivado” (Emilio Duró).

 

Nuestros errores son nuestros maestros

 


Otros errores comunes


 

Aunque estos tres son los que más pinta de culpables tienen, hay otros elementos dentro del proceso de cambio que pueden influir negativamente y tirar por el sumidero todos nuestros planes.

No obstante, recuerda que los errores son necesarios para alcanzar el éxito. Aprender de ellos es la mejor escuela.

A continuación, te facilitó una breve lista con unos cuantos sospechosos habituales más, a los que también podemos considerar como errores y de los que podremos hablar en próximas ocasiones:

  • No conocerte bien a ti mismo (fortalezas, debilidades, valores).
  • Desconocer la diferencia entre objetivos y sueños.
  • Crearte expectativas surrealistas.
  • No definir tus objetivos con claridad.
  • Distraerte con facilidad y perder la perspectiva de tu meta, perder el foco.
  • No enfocarte en lo que realmente quieres.
  • Enfocarte en lo que no quieres.
  • No asumir tu responsabilidad.
  • Restar importancia a las pequeñas tareas diarias.
  • Dispersar tu tiempo y energía en demasiados proyectos a la vez.
  • No ser proactivo.
  • Ser reactivo.
  • Preocuparte por lo urgente en lugar de ocuparte de lo importante.
  • Ser demasiado exigente.
  • No ser lo bastante exigente.
  • Ser un perfeccionista crónico.
  • Ser una persona tóxica (pesimista, negativa, victimista, sufridora, envidiosa, egoísta, egocéntrica, miedosa, conservadora, indecisa, criticona, prejuiciosa, fanática, arrogante, etc.).
  • Rodearte de gente tóxica, incapaz de alcanzar sus propias metas.

 


Conclusión


 

Es necesario saber diferenciar entre deseos y objetivos para poder definir correctamente qué es lo que quieres y diseñar un plan de acción adecuado.

Cualquier objetivo que te propongas cumplir forma parte de un proceso de cambio y es necesario que aceptes este hecho lo antes posible.

Cuanto más se te resista un objetivo, año tras año, más necesitas cambiar de actitud y estrategia para conseguirlo. Por tanto, si quieres tener éxito: o cambias de actitud, o cambias de objetivos.

Si pierdes el interés y la motivación por alcanzar un objetivo, una y otra vez, quizá sea porque no es realmente tu objetivo. Deberías analizar si esa meta está en coherencia contigo y redefinir tus objetivos.

Creo que con esto es suficiente. Como ves, en este post no hemos profundizado en ningún punto en concreto, esa no era la misión. Lo único que pretendo con esta entrada es darte una referencia para que reflexiones, si quieres, como siempre.

Y como siempre, que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca, sin molestar. Recuerda que yo no pretendo tener la razón, no doy consejos a nadie y no digo lo que se debe hacer o no. Solo escribo para que quien quiera entender entienda.

Autor

Soy Alberto Corbas, entrenador personal y Coach. Entusiasta del crecimiento personal y el fitness. Si ya pasas de 40, te acompaño a alcanzar tus objetivos en materia de salud, bienestar personal, ejercicio físico y deporte, estableciendo hábitos que te capaciten para generar un cambio real, profundo y sostenible con el fin de vivir en coherencia, más y mejor.

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