El esfuerzo ¿es bueno o nos han engañado?

Lo admito; con esfuerzo se pueden conseguir grandes logros. Es algo obvio. Pero ¿podemos desarrollar nuestro máximo potencial solo a base de esfuerzo? ¿Podemos alcanzar nuestra meta más elevada de esta manera?

El concepto de esfuerzo, como actitud animosa o indicador de un espíritu resolutivo y de valor, a la hora de emprender un conjunto de acciones del tipo que sea, me parece correcto.

Sin embargo, el significado más comúnmente aceptado al respecto, que a mí me chirría bastante, es el de “empleo enérgico de la fuerza y el vigor contra algún impulso o resistencia, para conseguir algo venciendo dificultades”.

De esta acepción es de la que vamos a tratar, pues, al afrontarla, me viene a la cabeza un aforismo muy conocido y algunas dudas: ”Aquello a lo que te resistes persiste”. Quizá, por esta razón ¿el esfuerzo puede convertirse, en muchos casos, en algo vano e inútil?

Además ¿quién dice que tengamos que hacer las cosas difíciles? ¿Por qué? ¿Acaso es una ley universal, de obligado cumplimiento, tener que esforzarse SÍ o SÍ? La naturaleza actúa con sencillez, según la ley del menor esfuerzo; somos nosotros quienes lo complicamos todo.

“Sólo hay dos cosas infinitas; el Universo y la estupidez humana. Pero, del Universo no estoy seguro”. –Albert Einstein

 

El esfuerzo para el estreñimiento

 

 


A mayor esfuerzo mayor resistencia


 

La tercera ley de Newton (principio de acción y reacción) establece que siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección, pero en sentido opuesto sobre el primero.

Muchos consideran este principio como parte de la Ley Universal, no solo como una ley de la física, y afirman que se puede aplicar también en el contexto que nos ocupa hoy, en cuyo caso, podemos considerar al esfuerzo que tenemos que realizar para conseguir algo como la citada fuerza y las dificultades e inconvenientes que nos podemos encontrar en el proceso como la fuerza contraria.

Dicho esto, me asalta una duda: ¿Cuánto más nos tenemos que esforzar por conseguir algo más resistencia podemos encontrar para alcanzar nuestro objetivo? ¿Es una broma pesada de la naturaleza o es, simplemente, un recordatorio que nos hace para que dejemos de forzar situaciones absurdas y nos enfoquemos en aquellas con las que realmente estemos alineados y en sintonía?

En el mejor de los casos, tras haber empleado una serie de elementos y recursos costosos en la consecución de algún fin, habría que valorar ese esfuerzo y si lo que acabamos de hacer, y el resultado producido, era lo que realmente deseábamos.

Para no llegar a esta situación, antes de esforzarte como un campeón para conseguir lo que sea, pregúntate: ¿Lo hago voluntariamente o por obligación? ¿Resuena en mi interior? ¿Me lo dicta el corazón? ¿Lo hago, quizá, por vanidad y/o por orgullo, para satisfacer alguna necesidad egoísta? ¿Estoy siendo coherente con mis valores?

Creo que todo esto solo es una trampa del ego. Otra falacia más, que nos mantiene entretenidos y ocupados, compitiendo, luchando y destruyéndonos entre nosotros.

 


Ser coherente o no serlo


 

No se trata tanto de esforzarse sino de ser coherentes y estar presentes en el momento y lugar que estemos viviendo. Se trata de elegir metas que estén alineadas con nuestros principios y valores para, después, enfocarte en lo que estás haciendo con plena conciencia y confiar en que el resultado será óptimo, sin apegarte a él.

Todo esto resulta mucho más sencillo cuando lo haces desde el amor que te inspira lo que estás haciendo, si de verdad amas lo que haces. Obviamente, si no amas aquello a lo que te dedicas, probablemente, tarde o temprano, te supondrá un esfuerzo enorme seguir haciéndolo.

No obstante, también se trata de elegir cómo nos comportamos y qué hacemos, en cada momento y situación. Es cuestión de actitud, de hacernos responsables y de gestionar nuestras emociones.

Cierto que, en muchos casos, no elegimos nuestras circunstancias. Pero, siempre elegimos qué hacemos con ellas, tal y como explicaba Víctor Frankl en su obra: “El hombre en busca de sentido”.

Puedes creer lo que quieras, pero nunca hay una sola opción y, al final, siempre eres tú quien decide, seas consciente de ello o no.

 

Esforzarse o estar presente

 


Esforzarse o estar presente


 

El esfuerzo aparece cuando dejamos en segundo plano lo que realmente somos y nuestro propósito, el QUÉ, enfocándonos en lo que creemos que debemos hacer, el COMO y CUÁNDO, pretendiendo controlarlo todo. Esto lleva implícita una carga adicional de trabajo que va asociada a una serie de expectativas que nos atan y que, de no cumplirse, nos generarán frustración y dolor. Esto se traduce en sufrimiento y, muchas veces, sacrificio.

Estar presente significa ser plenamente consciente del aquí y ahora. Es poner toda tu atención en lo que haces, en cómo lo haces y en lo que sientes al hacerlo y fluir de un modo natural, aceptando y respetando tus emociones y sentimientos.

Esto no conlleva esfuerzo ni sacrificio de ningún tipo porque se hace partiendo del amor, que es la energía más poderosa. Es operar según las leyes de la naturaleza, con armonía y simplicidad, sin apegarse a ninguna expectativa, siendo y dejando ser. Es libertad.

Un ejemplo de esta realidad son los niños, que consiguen realizar grandes proezas como levantarse de la cuna y empezar a dar sus primeros pasos, o empezar a modular los primeros sonidos de su voz formando sílabas hasta aprender a hablar, y todo ello sin esfuerzo, siendo ellos mismos y viviendo el momento.

Esforzarse sin amor y sin coherencia es actuar desde el miedo, bajo la creencia en que si no te esfuerzas y te sacrificas nunca conseguirás lo que te propongas. Es creer que tienes que demostrar lo que eres capaz de hacer, para satisfacer a tu ego o para encajar en un contexto artificialmente diseñado e impuesto por la cultura y el entorno social.

 


“No pain no gain”


 

Esta idea la llevamos grabada en nuestra programación mental y es totalmente aceptada en diferentes contextos y ambientes como, por ejemplo, el deporte. Sobre todo, en la competición de élite, donde sabemos que los atletas van al límite de sus capacidades y siempre se les exige que vayan aún más allá a cambio de reconocimiento, de gloria, de fama y, en algunos casos, de grandes fortunas.

Algo muy parecido a lo que ocurre en el mundo de la farándula, el empresarial, en los negocios o, incluso, en pequeñas empresas y en la misma vida cotidiana. Da igual el contexto, siempre estamos compitiendo. Siempre queremos ser o tener más que nuestro competidor de turno o, al menos, aparentarlo.

Pero ¿realmente es necesario llegar a ese extremo? ¿No se trata, simplemente, de satisfacer vanidades y egos desmesurados? En mi opinión, todo esto no es más que un circo.

Se trata del arte de colgarse medallas y sentirse orgulloso, aunque sea por un momento, y mirar al resto de la gente por encima del hombro. No es más que una simple y vulgar manifestación del ego, que nos acompaña desde tiempos inmemoriales.

¿De verdad crees que sin dolor no hay ganancias? Puede ser, aunque también puede ser que no sepamos elegir nuestros objetivos.

El problema es que vivimos en el mundo del ego, que es el mundo de la ilusión, y creemos la falacia de que tenemos que sacrificarnos, sufrir y esforzarnos para todo, si queremos alcanzar nuestras metas. Pero eso es aceptar un concepto lineal, mecanicista y limitante, negando nuestro verdadero SER y renunciando a nuestro auténtico potencial.

¿Qué necesidad hay entonces de esforzarse de este modo? La verdad es que no es necesario; sólo creemos que lo es. Sólo siente esa necesidad nuestro saboteador interior.

 

“El sufrimiento es el resultado del pensamiento incorrecto. Es una indicación de estar fuera de armonía con las leyes del Universo”. –David Cameron Gicandy

 


Dejar que ocurra o hacer que ocurra


 

Que nadie malinterprete o tergiverse mis palabras. Que nadie crea que estar presente es simplemente quedarse mirando a las avutardas, a verlas pasar y ya está. Cuando digo que no es necesario tanto esfuerzo no me refiero a pasarnos la vida sentados en padmasana o en seiza, intentando iluminarnos.

Por otro lado, cuando hablo de no apegarse a ninguna expectativa que nadie piense que deba resignarse y conformarse con cualquier cosa. ¡EN ABSOLUTO! Lo que digo es que no debemos convertirnos en esclavos de un solo resultado en concreto. Se trata de permitir que ocurran las cosas y fluir.

 

“Dejar que ocurra no es lo mismo que hacer que ocurra. No es intentar esforzarse”. –Timothy Gallwey

 

Por supuesto que es necesario tomar acción y enfocar tu energía si quieres alcanzar tus metas. Pues claro que hay que tener una actitud proactiva, positiva y animosa, espíritu resolutivo y valor, como decía al principio, para emprender las acciones que sean necesarias. Pretender otra cosa sería estúpido. No caigas en la trampa del “porque yo lo valgo”.

 


Conclusión


 

Hace tiempo que no me impresionan, ni me interesan, los mártires, los egos inflados, las pecheras llenas de medallas o las vitrinas llenas de trofeos y paredes empapeladas con títulos, de quienes se vanaglorian de realizar esfuerzos titánicos, en pos de vete a saber qué causa y en bien de vete a saber quién.

Ahora me interesan, me inspiran y me resuenan, los logros conseguidos a base de coherencia, amor y naturalidad de los auténticos héroes. Me interesan las personas humildes y sencillas que, simplemente, viven su vida como a ellas les gusta vivirla, sin pensar en el postureo, la foto en redes sociales, la recompensa inmediata, la palmadita en la espalda o lo que opinen los demás.

Esto del esfuerzo es como las almorranas; quién quiera sufrirlo que lo sufra, pero en silencio. Sin pregonarlo, sin sacar pecho como si hubiera salvado a la humanidad y, por supuesto, sin hacerse el mártir, sin victimismo y sin culpar ni responsabilizar a nadie. Pero, sobre todo, por favor, sin pretender que los demás tengamos que oír sus batallitas y seguir su ejemplo.

Quien sea tan grande como para esforzarse como un auténtico campeón por una buena causa, debería también tener la grandeza, la humildad y el detalle, de hacerlo sin recordárselo a todo el mundo cada cinco minutos, ni para quejarse ni para pavonearse.

Que cada uno piense, entienda, crea y actúe como quiera, asumiendo su responsabilidad.

 

“El esfuerzo, para el estreñimiento”. –Jorge Bucay

 

Como digo siempre: Que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca, sin molestar. Ya sabes que yo ni doy consejos, ni afirmo tener razón en nada, ni pretendo convencer de nada a nadie; solo escribo para que quien quiera entender entienda.

Autor

Mi nombre es Alberto Corbas y “ayudo a la gente a ayudarse“. Acompaño en sus procesos a hombres de más de 40 años en busca de un cambio real y sostenible que les capacite para generar nuevos recursos con el fin de vivir en coherencia, más y mejor.

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