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El poder de la palabra es algo que siempre está presente en nuestras vidas. Aunque parece que lo hayamos olvidado, o han hecho que lo olvidemos, hasta el punto de creer que jamás haya existido tal cosa.

 Es bien conocido el Poder del Verbo. De hecho, al margen de consideraciones religiosas, místicas o filosóficas, quienes nos gobiernan y dirigen nuestra sociedad, al igual que sus predecesores en todas las épocas y lugares del planeta, lo vienen utilizando para controlarnos y servir a sus fines a lo largo de toda nuestra historia.

 Pero no voy a entrar en la teoría de la conspiración,  ese es un tema para otros blogs. Sólo quiero hablar de cómo nos afecta y cómo nos puede condicionar la palabra con su enorme poder.

 

 El poder de la palabra

 Hoy me voy a centrar en la influencia que ejercen, si se lo permitimos, las personas con las que interactuamos diariamente y que forman nuestro núcleo familiar, amistades, compañeros de trabajo, etc. Me refiero a la influencia que esas personas pueden ejercer sobre nosotros, voluntaria o involuntariamente, para bien o para mal, tan sólo con sus palabras.

 Está demostrado (no lo digo yo, hay mucha literatura al respecto) que nuestros pensamientos dominantes, aquellos a los que más atención y tiempo dedicamos cada día, de un modo consciente pero también y sobre todo inconsciente, son los que determinan nuestro devenir. Y una forma muy simple de recordárnoslo es este axioma, muy conocido, que dice:

 

 “Nuestros pensamientos se convierten en palabras.

 Nuestras palabras se convierten en actos.

 Nuestros actos se convierten en hábitos.

 Nuestros hábitos se convierten en carácter.

 Nuestro carácter determina nuestro destino”.

 

 Esto hace referencia a esos pensamientos dominantes de los que hablamos, los cuales van asociados a nuestras creencias más arraigadas. Pueden ser provocados por innumerables estímulos externos que no somos capaces de discernir de un modo consciente y nos influyen sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello.

 

acceso mente palabra

 

 Controla el acceso a tu mente de estímulos negativos

 Uno de los estímulos externos más fuertes y más frecuentes con los que nos enfrentamos cada día son las palabras que escuchamos de las personas más cercanas. Esto ocurre cada vez que interactuamos con alguien pues cada palabra y cada mensaje que nos llega no deja de ser un estímulo. Esa información que percibimos del exterior de nuestra mente puede penetrar y aferrarse a ella condicionando, a partir de ese momento, esa cadena “pensamiento-palabra-acto-habito-carácter-destino”.

 Sería conveniente entonces, ahora que ya somos conscientes del poder de la palabra, tener más cuidado al filtrar la información que y estar alerta, como un controlador de acceso, para no permitir que entre en nuestra mente ni un solo elemento pernicioso que pueda empezar a crear el caos.

 Y con esto me refiero a cualquier tipo de información ya que puede condicionar nuestra forma de pensar y de sentir. Puede distorsionar la imagen que tengamos sobre algo, incluso la que tengamos sobre nosotros mismos, si damos por bueno y nos creemos todo lo que nos digan.

 

 “Usted debe preguntarse constantemente esto: ¿Con quién estoy? ¿Qué me están haciendo ellos? ¿Cómo influyen en mí esas personas? ¿Qué hacen que lea? ¿Qué hacen que diga? ¿Hacia dónde me llevan? ¿Qué hacen que piense? Y lo más importante: ¿En qué me están convirtiendo? Luego, hágase la gran pregunta: ¿Todo eso está bien?”

 –Jim Rohn

 

 Ya de paso, podríamos también ser más cuidadosos con las palabras que decimos a otros. No solo para no intoxicarles la mente y su forma de pensar, proyectando hacia ellos nuestros miedos, inseguridades y limitaciones, sino también por aquello del “efecto bumerang”. Ya sabes; eso que tal como lo lanzas vuelve a ti.

 Nos guste o no reconocerlo, lo que decimos a otras personas, en el fondo, nos lo estamos diciendo a nosotros mismos.

 Así que no lancemos mucha mierda a los cuatro vientos porque tarde o temprano nos caerá encima.

 

 No te creas todo lo que te dicen

 Tener una mentalidad abierta no significa tener que creerse todo lo que te digan sin cuestionarlo. No digo que haya que desconfiar por sistema, pero sí estaría bien aplicar algún tipo de filtro. Más aún cuando se trata de personas que tienen el habito de chismorrear.

 Sobre todo, cuídate de quienes, en apariencia, pretendan ayudarte con sus consejos y lecciones en un momento tuyo de ofuscación, necesidad o desesperación. En esas circunstancias es cuando estamos más susceptibles y vulnerables.

 Hay personas que sólo aparentan querer ayudar. Parece que te dan algo cuando en realidad te están quitando. ¿Y qué es lo que pueden quitarte? Pues tu energía, tu confianza y tu autoestima.  Tu seguridad en ti mismo, en tus proyectos y en tus ideas. Tus sueños.  Un montón de intangibles que no tienen precio y que cuesta mucho recuperar cuando se dañan.

 Esto es extensible a cualquier clase de grupo de personas como asociaciones, organizaciones, clubes, fraternidades, escuelas, empresas, etc. Ya ni te cuento de partidos políticos, sistemas de educación o sectas religiosas, por muy grandes que sean (el hecho de que muchas personas crean una mentira no la convierte en verdad). Ve con ojo. Ten una mente abierta, pero no desprotegida.

 

Peligro, gente tóxica

 Cuídate de la gente con mentalidad tóxica

 Dentro de nuestro entorno, aun cuando la intención de ayudar sea real, es muy probable que algunas de esas personas, bien intencionadas, no sepan cómo hacerlo. Se meten en un jardín que no es el suyo sin saber dónde ni qué clase de flores crecen en él. Así, lo único que puede pasar es que las pisoteen y las arruinen, aún más de lo que ya pudieran estar. Pero, como siempre, sólo si tú se lo permites.

 También hay quienes, en esos momentos en los que vas algo perdido, te dicen qué tienes que hacer y qué no tienes que hacer. Te dicen lo que, en su opinión, es mejor para ti, atribuyéndose en tu vida un protagonismo que no tienen. Tú mismo te cierras las puertas a cualquier otra opción alternativa, si les sigues el juego y les haces caso.

 Y lo más cachondo es que se crean una serie de expectativas acerca de tu actitud, esperando que sea obediente y sumisa. Es decir; esperan que les hagas caso ciegamente y sigas sus consejos porque para eso te los han dado tan generosamente. Se sienten muy ofendidos y afectados si no respondes como ellos esperan. Aunque ellos nunca admiten tal cosa, siempre lo niegan.

 Después hacen uso de un cierto victimismo, algo que les encanta, ofreciendo a cualquiera que se cruce en su camino su versión de lo ocurrido. Lo hacen aunque nadie les pregunte, contando lo desagradecido que eres y lo poco que valoras su inestimable aportación. Su objetivo es crearte sentimiento de culpa.

 No te sorprendas si, de pronto, un día sientes como si te señalase un dedo acusador. Seguramente habrás decepcionado a alguien con algún trastorno de su inflado ego que no encajó bien tu autodeterminación e independencia.

 

 ¿Ayuda desinteresada y altruista?

 La respuesta es un rotundo NO. Es posible que no te pidan nada a cambio, disfrazando así su acción, aunque ya se lo intentarán cobrar de algún modo. El interés de estas personas, al ayudar de esta manera, reside en satisfacer su necesidad egoísta de controlar a otras, aunque sea sutilmente, y su necesidad un tanto ególatra de reconocimiento.

 Necesitan la condescendencia de otros que les llenen los oídos, y el ego, diciéndoles lo buenos que son y lo mucho que se sacrifican por los demás, autoproclamándose de esta manera como santos mártires. ¿Acaso no es esto una forma ridícula y patética de intentar manipular?

 Los hay que actúan así, dolosamente, porque su forma de vida es joder de esta manera a todo el que se preste a ello. Y los hay que actúan así, sin siquiera ser conscientes de ello, por ignorancia, porque es lo que han mamado y es exactamente lo que ellos mismos han sufrido durante mucho tiempo. Están replicando un patrón de comportamiento aprendido de su entorno.

 Los primeros saben muy bien lo que hacen y no sienten remordimientos por ello. Ellos están totalmente convencidos y se sienten realizados y orgullosos. Los segundos, están muy a gusto en su burbuja de ignorancia y no van a molestarse en salir de ella. ¿Para qué? Ya saben todo lo que necesitan saber y hacen todo lo que necesitan hacer para mantenerse donde están; y están tan cómodos…

 

palabras venenosas

 Protégete; no permitas que te inyecten su veneno

 Deja que te resbalen, como una víbora en la selva, aquellos que proyecten hacia ti sus propias limitaciones. O aquellos que traten de imponerte sus creencias y la forma en la que has de vivir tu vida.

 Cada vez que aparece alguien que brilla con luz propia, detrás aparecen cientos de seres opacos, sombríos y oscuros. Son personas negativas que tratan de apagar su luz, sólo para no quedar ellos en evidencia.

 No se lo tengas en cuenta y perdónales. Pero, una vez hecho esto, sigue tu camino y no mires atrás.

 

 “Debemos librar una intensa y permanente batalla contra la constante negatividad. Si nos relajamos, los insectos y las malas hierbas de la negatividad se trasladarán a nuestro jardín y tomarán todo lo que es valioso.”

 -Jim Rohn-

 

 

 La influencia positiva

 En cambio, puedes escuchar a aquellas personas que, con humildad y sinceridad, te hablan de frente y te transmiten confianza. Son quienes respetan tu criterio y valoran tus capacidades. Son esas personas que no tratan de imponerte nada y sólo esperan de ti que seas tú mismo, sin juzgarte.

 

 “No se una a una multitud fácil. Así no crecerá. Vaya donde las demandas y las expectativas de crecimiento sean altas”.

 -Jim Rohn-

 

 No estoy hablando de personas condescendientes que finjan estar de acuerdo contigo en todo o te sigan la corriente dándote falsas palmaditas en la espalda. Me refiero a personas auténticas que buscan la misma cualidad en los demás y entienden el verdadero significado de la palabra respeto.

 Por suerte esas personas también existen; son personas que te hacen crecer. Medita sus palabras y su mensaje siempre que te lo ofrezcan una opción y no como una obligación. Siempre te darán la posibilidad de ser tú quien decida, libre y voluntariamente, lo que finalmente vas a hacer, aunque te equivoques.

 La palabra de estas personas también llega a nuestro inconsciente y también nos influye. Pero su influencia es positiva. Son personas que aportan, suman de forma constructiva y nos enriquecen interiormente. Nos edifican.

 Son personas que saben escuchar, no juzgan, no critican y no tienen intereses ocultos. Lo único que les mueve es compartir su experiencia y conocimientos. Acompañar a otros en su crecimiento y aprender de ellos lo que puedan.

Estas personas te impulsan en tu desarrollo personal en lugar de limitarte.

happy people

 Es cuestión de lógica y coherencia

 Mi forma de actuar, por si te interesa, es muy obvia y muy simple. Cuando necesito consejo o asesoramiento sobre algo, escucho solamente a aquellas personas que ya tienen lo que yo estoy buscando.  Claro está, si están dispuestas a compartir sus conocimientos, sin imponerlos.

 Me alejo de quienes pretenden modelarme y me acerco a quienes respeten mi libre albedrío y me aceptan como soy. Pero siempre, al final, escucho a mi corazón.

 Obvio, ¿verdad? Sin embargo, me pregunto ¿Por qué tanta gente hace lo contrario? ¿Por qué tantas personas se dejan aconsejar o influir por otras que no tienen ni idea de lo que necesitan? Todo un misterio.

 ¿Quién llevaría a reparar su automóvil a un médico? ¿Alguien estando enfermo se dejaría examinar y recetar por un mecánico? ¿Quién sería tan gilipollas de ir a pedir consejo emocional a alguien depresivo con tendencias suicidas o a un psicópata?

 Lo que estoy tratando de decir con todo esto es muy simple. Debemos aprender a elegir con quién nos relacionamos. Pero, sobre todo, debemos tener cuidado al elegir a quién y qué tipo de mensajes escuchamos.

 De todos modos, recuerda que el maestro aparece cuando el alumno está preparado y que tu único y verdadero maestro está en tu interior.

 Como siempre, que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca. Ten presente que yo no aconsejo a nadie, solo escribo para que quien quiera entender entienda.

 

 

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