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Vamos a ver Cuánto amas lo que haces. Vamos a extendernos un poco más en el tema de la motivación laboral con un ejemplo real (una historia que viví muy de cerca) y una reflexión.

 En el sector del que procedo, el fitness, y centrándome en lo que mejor conozco que son las pequeñas y medianas empresas, hace años era bastante común que personas entusiastas de algún deporte se lanzasen a la aventura de abrir un gimnasio.

 ¿Lo hacían por amor o por pura pasión? ¿Tal vez era sólo oportunismo? De cualquier modo, el hecho de que alguien tenga una habilidad técnica y se apasione por alguna actividad concreta no quiere decir que esté capacitado para transmitir esa pasión y habilidad a otras personas. Y el hecho de que se detecte una oportunidad de negocio en un sector profesional en crecimiento, no quiere decir que esa oportunidad sea para todo el mundo.

 En muchos casos realmente había amor y pasión por lo que hacían, pero también había algunos que lo hacían sin vocación de servicio. Además, carecían de los conocimientos, la aptitud y la actitud adecuadas para poder atender correctamente al público. No tenían la formación empresarial mínima necesaria para poder gestionar un negocio. Creían que con entusiasmo y optimismo ya bastaba.

 

 “No hay nada más peligroso que un tonto motivado”.

 Emilio Duró

 

 ¿Basta con tener entusiasmo y optimismo?

 Que nadie me malinterprete; por supuesto que el entusiasmo y el optimismo son cualidades fundamentales para cualquier emprendedor que quiera tener éxito. Son imprescindibles para cualquier empresario que se precie.

 Pero también lo es tener una actitud humilde y una mentalidad abierta. Y con esto lo que estoy diciendo es que es necesario tener una base mínima de conocimiento o, en su defecto, estar dispuesto a aprender.

 Es necesario seguir formándote y creciendo. Evolucionar junto con tu empresa al mismo tiempo que tu nicho de mercado. Cuidar la excelencia en todo lo relacionado con tu negocio (sobre todo en la atención a tus clientes). Estar dispuesto a trabajar en equipo y delegar cuando sea necesario. Todo eso, para empezar, es ser profesional.

 El caso es que, durante muchos años, he visto y sufrido empresarios que, lejos de realizar una gestión profesional de su negocio, sólo se preocupaban de poner el cazo. Su forma de gestionar la empresa era imponer su criterio a toda costa, aunque fuese erróneo o estuviese obsoleto, y  culpar a los empleados por los malos resultados. Todo lo cual muestra cómo son dichos empresarios.

 Son personas que no asumen su responsabilidad. Sacan balones fuera para no tener que afrontar el hecho de que una empresa, por pequeña que sea, les viene grande. No saben hacer su parte. Buscan siempre otro culpable para sus fracasos que, obviamente, encuentran en la parte más débil de la empresa; el empleado.

 Un gran ejemplo dentro de una pequeña empresa

 En cierta ocasión, uno de estos superdotados de los negocios, no sólo eludió su responsabilidad en la gestión de SU EMPRESA sino que, además, se dio el gustazo de acusar directamente a un empleado de ser un cáncer para esta. Todo un ejemplo de gestión de recursos humanos y liderazgo (recomiendo los libros Cómo hacer amigos e influir en las personas de Dale Carnegie y Coaching de John Whitmore).

 Curiosamente, en esa pequeña empresa, había más jefes que empleados. Exactamente tres (socios), con problemas y malos rollos entre ellos, y un único empleado. Al menos era el único que constaba en la seguridad social. Y aunque había otras dos personas que colaboraban, a tiempo parcial, lo hacían en dudosas condiciones. De nuevo, todo un ejemplo de gestión.

  

mal rollo

 Todo un cúmulo de despropósitos y una situación absurda

 Lo irónico es que, mientras el lúcido y responsable jefe sometía a un acoso y derribo al empleado, sin duda para motivarlo, éste genio del mundo empresarial y las finanzas trataba a SUS CLIENTES como si fuesen un estorbo, una molesta obligación o un trámite pesado y aburrido.

 Para colmo, se había buscado un empleo por cuenta ajena, diferente y muy alejado de su propio negocio, según él, porque no llegaba a fin de mes. ¿Qué motivo hay para que no llegues a fin de mes? ¿Qué puedes hacer, EN TU PROPIO NEGOCIO, para generar más ingresos?

 Por su parte, el empleado, en lugar de buscar una salida digna a la situación, se aferraba patéticamente a ese empleo basura, como si fuese la única ocupación a la que pudiese aspirar, infravalorándose de un modo irracional.

 Y mientras llegaba el momento inevitable de su despido, en lugar de hacer su trabajo, como realmente sabía hacerlo, con diligencia y profesionalidad, se limitaba a dejar pasar el tiempo. No mostraba su talento para una actividad que, anteriormente le encantaba y ahora, empezaba a aborrecer. ¿Cómo te sientes con todo esto? ¿Cuál es el motivo que te mantiene atrapado en esa situación? ¿Qué puedes hacer para salir de ella?

 

 ¿Cuánto amas lo que haces?

 ¿En serio? A ver Bill Gates: Tienes un negocio y en lugar de ocuparte de él, como sería lógico, además de tratar a TUS CLIENTES como al culo, te buscas un empleo por cuenta ajena… ¿Qué clase de empresario hace eso? ¿En qué lugar te dejan estas acciones? ¿Cómo te hacen sentir?

 Y tú, empleado del mes: Estás harto de estar ahí, aguantando cabronadas, pero te aferras al puesto rebañando el plato, como si te fueses a morir de hambre si lo dejas. ¿En qué medida te valoras a ti mismo, como profesional y como persona? ¿Qué otras cosas podrías hacer si te lo propusieras? ¿Cómo te sentirías liberándote de esa situación?

 

 Cuestión de responsabilidad

 Si, tras abrir un negocio, te das cuenta de que te has equivocado y no es lo tuyo, o las circunstancias han cambiado, o te has cansado y ya no te gusta estar ahí (puede ocurrirle a cualquiera), hay muchas fórmulas para salir dignamente, sin joder al personal, y quedar como un señor, en lugar de como un patán.

 Pero es más fácil, para algunos, adoptar el papel de víctima y culpabilizar a los demás de que SU negocio o SU empleo se vayan al carajo.

 Es cierto que hay empleados poco recomendables. Los hay que cometen demasiados errores. Otros no se enteran, o no se quieren enterar, de cuál es su cometido y su lugar en la empresa. Los hay que rápidamente adoptan una actitud pasiva, tipo funcionario sin vocación, etc.

 Pero es responsabilidad del empleador detectar este problema a tiempo y neutralizarlo antes de que la situación vaya a más. Bien sea hablando asertivamente con su empleado y tratando de subsanar los posibles defectos, o bien poniendo fin de forma respetuosa a la relación laboral.

 Después, el empleador tendrá que asumir que se equivocó al contratar a esa persona y el ex empleado asumir que se equivocó al aceptar ese empleo.

 En cualquier caso, cada uno debe asumir su responsabilidad y reconocer sus fallos. Pero, sobre todo, lo que nunca se debe hacer es perder el respeto a nadie ni mostrar tanta soberbia. Y jamás se debe perder el respeto por uno mismo. Un hombre demuestra su calidad humana, y un líder su carisma, por el modo en que trata a los demás y se trata a sí mismo.

Cuánto amas lo que haces

 ¿Qué hace falta para ser jefe?

 Para ser empresario y/o jefe, igual que para cualquier otra cosa, hay que valer o, por lo menos, cualificarse. Ser jefe, de por sí, tendría que ser una profesión. De hecho, para eso existen grados en dirección de empresas y numerosos cursos de dirección y gestión de recursos humanos, o de equipos.

 No todo el que tiene un negocio, o un cargo de responsabilidad en una empresa, sirve para ello. Mucho menos para dirigir un equipo de personas y mantener a sus miembros motivados y productivos.

 ¿Cuántos buenos profesionales bajan su rendimiento a causa de un mal ambiente laboral? ¿Cuantos pierden el interés por su trabajo debido a una mala gestión de la empresa y un jefe inepto?

 Afortunadamente, ser jefe, gerente de una empresa, o gestor de un equipo de trabajo, es algo que se puede aprender, y se aprende ¡si uno quiere y se molesta en hacerlo!

 

 Conclusión

 Todo esto no es más que un ejemplo de lo que puedes hacer si quieres que tu empresa dé una imagen patética. O si quieres que tu empleo se vaya al carajo, y tú vayas a engrosar las listas del INEM. Dependiendo, obviamente, de si eres empleador o empleado.

 Si no quieres acabar como los protagonistas de esta historia, deberías aceptar que quién aguanta esa situación es porque quiere. Hoy en día ya nadie puede obligar a nadie a estar así.

 Aquello de; esto es lo que hay, tengo ganarme la vida, es una creencia limitante y una excusa muy pobre. Hay otras formas de obtener recursos sin perder la dignidad ni el respeto por uno mismo, ni por los demás.

 

 “No hay mayor error, para una persona adulta y madura,

  que dedicar su vida a hacer algo que no ama

  y cuya única compensación es la puramente económica”.

 –Raimon Samsó

 

 Como siempre, que cada cuál haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca. Recuerda que yo no digo lo que se debe o no se debe hacer, ni doy consejos a nadie. Sólo escribo para que quien quiera entender entienda.

 

 

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