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 Seguramente habrás oído hablar o habrás leído algo sobre los tres filtros de Sócrates. En este mismo blog los he mencionado alguna vez. Los famosos tres filtros utilizados para desenmascarar rumores y separar lo importante de lo intrascendente.

 Es bastante común el hecho de que algunas personas tengan la necesidad de ir contando chismes de todo tipo. Puede que, simplemente, sientan que tienen que divulgar todo lo que hacen, ven y oyen por ahí (incluso lo que solo existe en su imaginación).

 En otro artículo hablábamos de las tres reglas para establecer un buen diálogo, unas simples reglas que se me antojan imprescindibles para empezar bien cualquier relación personal y/o profesional.

 Y en relación a este tema, podemos ver como aplicando esta simple técnica de los tres filtros de Sócrates, podemos abortar cualquier monólogo no deseado o conversación de besugos antes incluso de que comience.

 

 

 Cómo aplicar los tres filtros de Sócrates

 

 En este post quiero mostrar de un modo muy sencillo en qué consisten, cómo aplicarlos y qué conclusiones podemos sacar después para, finalmente, tomar una decisión acerca de si nos interesa, o no, escuchar “aquello que nos vienen a contar”.

 No voy a tratar de analizar por qué, o para qué, hacen esto esas personas. Eso sería otro tema muy largo y yo no soy psiquiatra ni psicólogo. Aquí solo vamos a ver de qué manera podemos hacerles frente o escabullirnos de ellas, porque lo que sí tenemos muy claro es que están ahí, acechándonos. Están esperando el momento en que bajamos un poco la guardia para atacarnos con su palabrería y sus cotilleos.

 Cuando alguien viene a ti con la intención de contarte algo, antes de que te deje el regalito que trae, asegúrate de que realmente te interesa recibirlo. ¿Cómo? Pues haciendo que esa persona filtre esa información antes de soltarla como una bomba (bomba fétida, más bien), utilizando los famosos tres filtros de Sócrates, a quien se le atribuyen todas las citas de este post.

 Tampoco voy a contar literalmente cómo se supone que fue la historia de los tres filtros (te dejo este enlace por si te apetece leerla), pero sí voy a explicar, a mi manera, qué son, para qué sirven  y cómo aplicarlos en el día a día.

 

 Qué son los tres filtros de Sócrates

 

 Primero quiero aclarar que no tengo intención de ponerme a filosofar sobre lo que supuestamente dijo el verdadero filósofo y su significado más profundo. Yo no estaba allí, así que solo voy a compartir mi percepción e interpretación de lo que nos dice la historia.

 Para mí este triple filtro es una excelente y rápida forma de averiguar si alguien te está haciendo perder el tiempo, o no, cuando te cuenta algo y si eso que te cuenta es algo valioso o solo una milonga. Llámalo estrategia si quieres, yo lo llamo lógica y coherencia.

 ¿En qué consiste? Pues básicamente lo único que tienes que hacer es; primero plantearte tú una cuestión muy sencilla: ¿Tengo ganas y paciencia suficientes para escuchar lo que me vienen a contar? Y si resulta que estás por la labor, lo siguiente que tienes que hacer es aplicar los tres filtros haciendo una serie de preguntas cerradas, muy fáciles y directas, a la persona que te quiere poner al día.

 Estas preguntas tienen como único propósito objetivar el carácter del mensaje que te quieren transmitir y concluir si es interesante y relevante para ti y merece ser escuchado.

 Es muy simple y los resultados son inmediatos, claro está, si estás dispuesto a parecer un aguafiestas por cortarle el rollo a esa persona que, con tanta ilusión, venía a alcahuetear contigo.

 Sin más, vamos a ver cuáles son los tres filtros, o los tres pasos, de esta “estrategia aguafiestas anti pregoneros“:

 

  “Habla para que yo te conozca”.

 

filtros de Sócrates

 

 

 El filtro de la verdad.

 

 Lo primero que has de preguntarle y hacerle reflexionar a quien venga a contarte alguna historia es: ¿Eso que me vas a contar es verdad? ¿Es cierto? ¿Tú lo has visto? ¿Lo has comprobado?

 Insiste, no te quedes con la duda, machácale tú a él antes de que él te machaque a ti con su cuento. ¿Puedes demostrarlo? ¿Puedes garantizarlo y avalarlo con tu reputación y con tu honor? (Sí, lo reconozco, ¡qué melodramático!)

 Estas preguntas no admiten medias tintas ni titubeos. O es que  o es que NO. O es verdad o no lo es. Y si no es verdad entonces es mentira; por lo que, el personaje en cuestión, está intentando clavártela sin vaselina. O es un mentiroso malintencionado o, además de chismoso,  es un poco tonto y se la han clavado antes a él.

 Lo más probable es que se trate de un simple rumor sin fundamento (no por nada, es simple estadística de andar por casa), un chisme de lo más vulgar. Pero si resulta que al final es cierto, pasamos al siguiente filtro.

 

 

 El filtro de la bondad.

 

 Si el pregonero ha superado el primer filtro, es hora de preguntarle lo siguiente: ¿Eso qué quieres contarme es algo bueno? ¿Es algo que me va a beneficiar y hacer sentir mejor? ¿O, por el contrario, me va a hundir en la miseria y me va a hacer sentir como el culo? ¿Va a despertar en mí emociones positivas o va a hacer que sienta emociones negativas?

 De verdad, no repares en gastos a la hora de invertir en preguntas, por muy absurdas que puedan parecerte. Insiste: ¿Es algo que pueda atraer cosas buenas hacia mí o hacia las otras personas que estén involucradas? ¿Beneficia a alguien que yo lo sepa?

 En fin, tú sabrás con qué clase de gente te relacionas. Pero recuerda que, como antes, tus preguntas solo admiten un SÍ o un NO por respuesta.

 Y como antes, si el mensajero logra pasar este filtro, pasamos al siguiente y definitivo nivel.

 

 

 El filtro de la utilidad – necesidad.

 

 Toca ponerse menos filosóficos y más pragmáticos.

 Llegados a este punto parece ser que tu amigo con vocación de cronista no miente, al menos en principio, y además parece que te quiere bien porque ha ido a verte, o te ha llamado por teléfono, para contarte un cuento con final feliz que, según él, te puede alegrar el día pero; ¿Lo necesitas?

 Está bien que él quiera sacar lo que lleva dentro hablando contigo; darlo todo y “dejarse la piel en el pellejo” (como dijo aquella iluminada modelo de cuyo nombre no quiero acordarme), ofreciéndote su mejor actuación con su propia versión de un chisme cualquiera. Pero piénsalo fríamente: ¿Y a ti qué carajo te importa? ¿Acaso eres tú su psicólogo?

 Ahora es el momento de preguntarle: ¿Lo que me vas a contar, es algo útil? Es decir ¿Tiene alguna utilidad práctica? ¿Me va a servir a mí para algo o me voy a quedar igual que estoy ahora?

 No te confíes y no te cortes porque es tu última oportunidad de pillarle en fuera de juego, así que ve con todo y ataca a la yugular, que no respire.

 ¿Es necesario que yo sepa eso que tú quieres contarme? ¿El hecho de que yo lo sepa es necesario para mejorar el mundo? ¿Lo necesito yo para ser mejor persona? ¿Lo necesito para algo?

 Como en los casos anteriores, te recuerdo que sólo existen dos posibles respuestas; o NO. Nada de ambigüedades ni tonterías.

 

filtros de Sócrates

 

 Es tiempo de reflexionar y analizar

 Ates de tomar una decisión déjame decirte cual es mi criterio a la hora de hacerlo. Para mí es absolutamente necesario que el mensaje pase los tres filtros. No es suficiente con dos y mucho menos con uno solo. Tienen que ser los tres o no sirve.

 

 “El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene”. 

  

 

 Primer análisis ¿Es cierto?

 

 Si tu amigo no ha logrado pasar el primer filtro, solo puede ser por dos motivos. 1: Porque lo que te va a contar no es cierto, y si no es cierto, entonces es mentira. 2: Porque no tiene ni idea de si es verdad o no, ya que no se ha molestado en comprobarlo.

 Entonces, obviamente, es un tipo que no tiene muchos escrúpulos en ir chismorreando por ahí lo que sea, aun sin saber si es cierto o no, o peor aún, sabiendo que es mentira.

 Con lo cual, no solo te estará mintiendo a ti sino que, si la mentira es sobre otra persona, le estará creando a esa persona un perjuicio. La estará calumniando. Y si se lo hace a una, seguro que se lo hará a otras; de eso puedes estar seguro. Incluso puede que te lo haga a ti mismo.

 En este caso el mensaje no tiene ningún valor, pues es falso, y este tipo de personas, definitivamente no interesan. No conviene relacionarse demasiado con ellas.

 

 

 Segundo análisis ¿Es bueno?

 

 En cuanto al segundo filtro, el de la bondad; suponiendo que tu amigo haya llegado hasta aquí, si lo que te va a decir no es bueno, entonces por eliminación, como hacemos siempre, podemos deducir que es algo malo. Y si es algo malo; ¿qué interés puede tener alguien en difundir una mala noticia? ¿Acaso quiere que tú te sientas mal?

 No sé tú, pero yo no quiero recibir malas noticias ni enterarme de malos rollos de nadie, de no ser absolutamente necesario. Esto no es una huida de la realidad, ni tampoco es esconder la cabeza bajo tierra, como un avestruz. Es, simple y llanamente, que no me apetece enterarme de las miserias de los demás.

 Ya sé que hay desgracias y ocurren cosas malas por el mundo cada día. Pero no necesito que venga ningún cenizo a recordármelas. Mucho menos que venga ningún triste a regodearse con las desgracias ajenas, para sentirse él aliviado de sus propias miserias. Eso a mí no me aporta nada y, en general, no ayuda a nadie. Llámame egoísta si quieres.

 Para resumir; si el mensaje no es bueno y no te va a traer nada bueno, ¿para qué quieres saberlo? No interesa, aunque sea cierto. Y la persona que te lo trajo tampoco te interesa porque lo único que puede hacer es intoxicar tu mente y tu estado de ánimo.

   

 

 Tercer análisis y una pequeña reflexión ¿Es necesario o útil?

 

 Por último llegamos al tercer filtro, el de la utilidad y la necesidad. En este caso, como dije antes, voy a ser más pragmático y voy a ir mucho más directo al grano.

 Si lo que tu amigo está a punto de contarte no es útil y no es necesario, entonces es algo inútil e innecesario, como ha quedado demostrado. Y si es así no tiene ningún sentido y no importa un carajo que tú lo sepas o no. Ni aun suponiendo que sea verdad y bueno.

 En consecuencia, si es innecesario, inútil y no tiene ninguna aplicación práctica, ni para ti ni para nadie, es una absurda pérdida de tiempo dejar que te llenen la cabeza con historias vacías carentes de significado.

 

 

 

 ¿Qué vas a hacer?

 

 Dicho todo esto, ahora ya solo queda tomar una decisión sobre el mensaje y el mensajero. ¿Aún quieres saber qué era eso tan aparentemente importante que te querían contar? ¿Ha pasado con éxito el examen de los tres filtros de Sócrates?

 En mi modo de vida no tienen sitio los chismorreos. En realidad, apenas utilizo este sistema ya que, directamente, rechazo cualquier intento de involucrarme en cotilleos por parte de nadie. Pero; admito que de vez en cuando me pillan en fuera de juego y tengo que sacar el arsenal de preguntas.

 En cualquier caso creo que es una buena herramienta para protegerte de chismosos y evitar que te llenen la cabeza de mierda.

 A no ser que estés muy aburrido y te gusten los cotilleos, no desperdicies tu recurso más valioso, tu tiempo, en complacer a un chismoso.

 Por cierto; confío en que no seas una de esas personas a las que les gusta chismorrear y te hayas dado por aludido con este post. Si es así, no te lo tomes como algo personal. Reflexiona un poco e intenta tomártelo deportivamente, como una crítica constructiva.

 Pero, como siempre, recuerda que yo no doy consejos a nadie. Solo escribo para que quien quiera entender entienda.

 Tú decides que haces con estos tres filtros. Tú verás si pasas de chismes y chismosos, o no. Aquí siempre defiendo que cada cual haga de su capa un sayo porque, como dijo nuestro protagonista de hoy: 

 

  “solo sé que no sé nada”.

 

 

Gracias por formar parte de este proyecto y

Recuerda que somos el cambio

 

 

 

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