Cómo aplicar los tres filtros de Sócrates

por | Abr 20, 2016

Seguramente habrás oído o leído algo sobre los tres filtros de Sócrates, y sabrás que aplicándolos podemos abortar cualquier intento de intoxicación mental por parte de quienes practican el “arte” de chismorrear.

¿Cuántas veces has sido acorralado por alguien “demasiado” motivado y dispuesto a hablarte de temas que ni te interesan ni te aportan nada, que hacen referencia a terceras personas y solo sirven para desprestigiarlas? ¿Cuántas veces has tenido que soportar críticas interminables e insufribles de algún individuo hacia otras personas que ni siquiera están delante para poder defenderse? ¿Cuántas veces has permitido que te utilicen como desahogo o como vertedero emocional?

Ya es hora de poner limite a esa clase de personas y evitar ese tipo situaciones. Veamos para qué lo necesitas y cómo puedes hacerlo.

 

Cómo aplicar los tres filtros de Sócrates

 

 


Para qué aplicar los tres filtros


 

El para qué es fácil de entender y te lo resumo en pocas palabras: Para mantenerte lo más limpio posible de pensamientos, ideas y emociones negativas, provocadas por estímulos externos que no te aportan nada de valor. Así evitas que personas grises y aburridas te lleven por su camino de barro y fiemo apartándote del tuyo propio.

No voy a tratar de analizar por qué algunas personas tienen la necesidad de contar chismes de todo tipo y criticar a terceros. Pero vamos a ver de qué manera podemos librarnos de ellas.

Cuando alguien viene a ti con la intención de chismorrear, antes de que te deje el paquete asegúrate de que te interesa recibirlo. Para eso sirven los famosos tres filtros de Sócrates, a quien se le atribuyen todas las citas de este post. Lo bueno es que, normalmente, estas personas no esperan que les pases por el tamiz, así que cuentas con el factor sorpresa a tu favor.

Con relación a este tema, te invito a revisar este artículo en el que hablo de las tres reglas que suelo utilizar para establecer un buen diálogo y empezar con buen pie, o mantener, cualquier tipo de relación interpersonal. Si utilizas estas técnicas (las tres reglas y los tres filtros), puedes evitar a este tipo de personas tóxicas y librarte de ellas en gran medida, pues buscarán a otro más dispuesto a entrar en su juego.

 


Qué son los tres filtros de Sócrates


 

Sócrates era famoso, entre otras cosas, por su peculiar dialéctica a la hora de indagar, conocida hoy en día como método socrático, que aplicaba para analizar conceptos morales. Este método consta de dos fases, la ironía y la mayéutica. El objetivo es utilizar la ironía para hacer que un sujeto reconozca su ignorancia y posteriormente, a través de la mayéutica, llegue a conocer la verdad sobre un tema. Básicamente, lo que hacía era interrogar a su interlocutor, sobre el tema en el que éste decía saber, para rebatir sus respuestas con la finalidad de que descubriera que lo que creía saber solo era un montón de prejuicios.

No funcionan exactamente así, pero basándose en este método los tres filtros constituyen una excelente herramienta y una forma rápida de averiguar si alguien te está haciendo perder el tiempo cuando te cuenta algo y si eso que te cuenta es valioso o es solo una milonga. Es cierto que tu referencia será el mismo chismoso y tendrás que confiar en él, aunque siempre puedes utilizar algunos indicadores de comunicación no verbal o tu intuición para determinar si está siendo sincero.

Lo que tienes que hacer es plantear una serie de preguntas inocentes, sencillas, cerradas y muy directas, a la persona que te quiere poner al día. El propósito es objetivar el carácter del mensaje que te quieren transmitir y concluir si es interesante y relevante para ti. Es muy simple y los resultados son inmediatos. Eso sí, no debería importarte parecer un aguafiestas por cortar el rollo a esa persona y dejarla con las ganas de alcahuetear. 

 

«Habla para que yo te conozca».

 

filtros de Sócretes

«Habla para que yo te conozca».

 


Primer filtro, el de la verdad


 

Obviamente, el objetivo de este filtro es averiguar la veracidad del asunto. Lo primero que has de preguntarle y hacerle reflexionar a quien venga a contarte algún chisme es: ¿Eso que me vas a contar es verdad? ¿Es cierto? ¿Tú lo has visto? ¿Lo has comprobado? ¿Puedes demostrarlo? Insiste, no te quedes con la duda y machácale tú a él con preguntas antes de que él te pase por encima con su cuento.

Estas preguntas no admiten medias tintas ni titubeos. O es que  o es que NO. Es verdad o no lo es. Y si no es verdad entonces es mentira, por lo que el personaje en cuestión podría estar intentando clavártela. O es un mentiroso malintencionado o, además de chismoso, es un poco tonto y se la han clavado antes a él.

 


¿Qué pasas si no es cierto?


 

Si tu amigo no ha logrado pasar el primer filtro solo puede ser por dos motivos. 1: Porque lo que te va a contar no es cierto y, por lo tanto, es mentira. 2: Porque no tiene ni idea de si es verdad o no, porque no se ha molestado en comprobarlo.

Obviamente, es un tipo que no tiene muchos escrúpulos en ir chismorreando por ahí lo que sea, aun sin saber si es cierto o, peor aún, sabiendo que es mentira. No solo te estará mintiendo a ti, sino que estará calumniando a otra persona. Si se lo hace a otros ¿crees que te lo podría hacer a ti?

En este caso el mensaje no tiene ningún valor y este tipo de personas no interesan. No obstante, si resulta que el mensaje es cierto pasamos al siguiente filtro.

 


Segundo filtro, el de la bondad


 

Si el pregonero ha superado el primer filtro es hora de preguntarle lo siguiente: ¿Eso qué quieres contarme es algo bueno? ¿Es algo que me va a beneficiar? ¿Me va a hacer sentir mejor? ¿Me va a hundir en la miseria y me va a hacer sentir mal? ¿Va a despertar en mí emociones positivas? ¿Puede hacerme sentir emociones negativas?

En serio, no repares en gastos a la hora de invertir en preguntas por muy absurdas que te puedan parecer. Insiste: ¿Es algo que pueda proporcionar buenas sensaciones a las personas que estén involucradas? ¿Me puede hacer sentir buenas vibraciones? En definitiva ¿De verdad me va a gustar?

Recuerda que tus preguntas solo admiten un SÍ o un NO por respuesta.

 


¿Qué pasas si no es bueno?


 

Si lo que te van a decir no es bueno, entonces por eliminación ¿podemos deducir que es malo? Y, si es algo malo; ¿qué interés puede tener alguien en difundir una mala noticia? ¿Acaso quiere condicionarte negativamente para que te sientas mal? ¿O es que es tan limitado que no se da cuenta del daño que puede hacer?

No sé tú, pero yo no quiero recibir malas noticias ni enterarme de malos rollos de nadie, de no ser absolutamente necesario. Esto no es escapar de la realidad ni esconderse bajo tierra. Es que no me apetece y no quiero enterarme de noticias que solo sirven para generar malas vibraciones e intoxicar. Ya sé que hay desgracias y ocurren cosas malas por el mundo, cada día. Pero no necesito que venga nadie a mostrármelas. Mucho menos que venga un triste a regodearse con desgracias ajenas para sentirse aliviado de sus propias miserias. Eso a mí no me aporta nada y, en general, no ayuda a nadie.

Resumiendo, si el mensaje no te va a aportar nada bueno ¿para qué quieres saberlo? No interesa, aunque sea cierto, y la persona que te lo trajo tampoco. Lo único que puede hacer es llenar tu mente de basura y condicionar negativamente tu estado emocional.

De nuevo, si el mensajero logra pasar este filtro pasamos al siguiente y definitivo nivel.

 


Tercer filtro, el de la utilidad y/o necesidad


 

Llegados a este punto parece ser que tu amigo con vocación de cronista no miente, al menos en principio. Además, parece que te aprecia mucho porque ha ido a verte, o te ha llamado por teléfono, para contarte un cuento con final feliz que, según él, te puede alegrar el día. Pero ¿es necesario que tú sepas lo que te quiere contar? ¿Te va a servir para algo práctico?

Está bien que él quiera sacar lo que lleva dentro hablando contigo y ofreciéndote su mejor actuación con su propia versión de un chisme cualquiera. Pero, piénsalo y sé honesto ¿A ti qué te importa?

Ahora es el momento de preguntarle: ¿Lo que me vas a contar, es útil? Es decir ¿Tiene alguna utilidad práctica para mí? ¿Me va a servir a mí para algo o me va a ayudar lo mismo que un correo de SPAM? No te confíes y no te cortes porque es tu última oportunidad de pillarlo en fuera de juego. ¿El hecho de que yo lo sepa va a mejorar el mundo? ¿Lo necesito para ser mejor persona? ¿Lo necesito para algo? ¿Alguien más necesita que me lo cuentes?

Como en los casos anteriores, te recuerdo que sólo existen dos posibles respuestas; o NO. Nada de ambigüedades.

 


¿Qué pasa si no es útil ni necesario?


 

En este caso voy a ir mucho más directo al grano. Si lo que tu amigo está a punto de contarte no es útil y no es necesario, entonces es algo inútil e innecesario. Y si es así no tiene ningún sentido y no importa que tú lo sepas o no. Ni aun suponiendo que sea verdad y bueno.

En consecuencia, si es innecesario, inútil y no tiene ninguna aplicación práctica, ni para ti ni para nadie, es una absurda pérdida de tiempo dejar que te llenen la cabeza con información irrelevante e historias vacías carentes de significado.

 

«El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo se sabe el valor que tiene».

 

Los tres filtros de Sócrates

«Solo sé que no sé nada».

 


Conclusión


 

Dicho todo esto, si tu amigo ha conseguido superar todos los filtros ya solo te queda decidir si quieres escucharle o no. Si te apetece, ya puedes relajarte, ponerte cómodo y abrir las orejas para enterarte de todo lo que tenga que contar. Que disfrutes de ello es otra cosa.

Y si no te has quedado muy convencido y no te apetece escucharle, tienes todo el derecho del mundo a rechazar amablemente su información. Si no lo entiende o se ofende por ello es su problema, no el tuyo.

A no ser que estés muy aburrido y te gusten los cotilleos, no desperdicies tu recurso más valioso, tu tiempo, en complacer a un chismoso aspirante a tertuliano en algún programa cutre de telebasura.

Por cierto; confío en que no seas una de esas personas y te hayas dado por aludido. Si es así, no te lo tomes como algo personal y reflexiona un poco. Tómatelo deportivamente porque, como diría el propio Sócrates:

 

“Solo sé que no sé nada”.

 

Ahora, como siempre, que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca, sin molestar.  Recuerda que yo no pretendo tener la razón, no doy consejos a nadie y no digo lo que se debe hacer o no. Solo escribo para que quien quiera entender entienda.

Autor

Soy Alberto Corbas, entrenador personal y Coach. Entusiasta del crecimiento personal y el fitness. Si ya pasas de 40, te acompaño a alcanzar tus objetivos en materia de salud, bienestar personal, ejercicio físico y deporte, estableciendo hábitos que te capaciten para generar un cambio real, profundo y sostenible con el fin de vivir en coherencia, más y mejor.

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