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Sobre la ignorancia, ya lo dijo Albert Einstein: “Todos somos ignorantes en mayor o menor grado, solo que ignoramos cosas diferentes”.

La  ignorancia es algo de lo que nadie se libra, por la falta de conocimiento o información sobre algo concreto, o en general. Pero esto es algo transitorio y tiene fácil remedio si uno quiere.

En cambio la estupidez es crónica y se da cuando se juntan ignorancia, vagancia, negligencia y soberbia. Es decir; cuando además de no tener una base de conocimientos sobre el tema del que se habla, o el campo en el que se actúa, tampoco nos molestamos en adquirirla y encima nos regodeamos, nos sentimos orgullosos de ello y nos creemos con derecho a opinar, criticar e incluso juzgar.

Pero, lo peor de la ignorancia no es el hecho de no ser consciente de ella, sino el de ser consciente y no hacer nada para remediarla.

La buena noticia es que si somos conscientes de ella y estamos dispuestos a superarla se convierte en una oportunidad.

Alguien dijo: “Cuando uno toma conciencia de su propia ignorancia es cuando surge el impulso que le puede llevar al conocimiento y la sabiduría”. En este, como en otros muchos casos, sólo depende de uno mismo.

 

 

Todos somos expertos e ignorantes

 

Cada uno de nosotros tenemos una o varias actividades que nos inspiran y nos motivan especialmente. Algo a lo que dedicamos muchas horas de práctica y aprendizaje, a veces incluso sin darnos cuenta, porque disfrutamos haciéndolo. O tenemos un trabajo o responsabilidad desde hace años, aunque no nos entusiasme, al que tenemos que meterle horas todos los días.

 En ambos casos, al cabo de un tiempo, llegamos a alcanzar una base de conocimientos y experiencia sobre esa materia que está por encima de la media. Pues esto, ni más ni menos, es ser un experto según la teoría de las 10.000 h de Malcolm Gladwell. Esta teoría dice que cuando acumulas esa cantidad de horas en una materia puedes considerarte un experto. Y para ello no es necesario conseguir ningún título ni diploma, por lo tanto; todos somos expertos en algo.

 También hay actividades que, sin llegar a volvernos locos de emoción, nos resultan interesantes y nos llaman la atención durante algún tiempo. O tenemos un trabajo, o responsabilidad, eventual durante un periodo limitado y, en ese lapso, adquirimos algún conocimiento sobre dichas materias. Esto nos convierte en iniciados o aprendices, dependiendo del tiempo invertido y del grado de conocimiento que hayamos alcanzado.

 Por último; existen innumerables temas, materias, profesiones, actividades o áreas de conocimiento que se escapan al nuestro y son ignotas para nosotros. Es imposible abarcarlo todo. Pues, todas estas materias que desconocemos nos convierten en ignorantes.

 Además, estas son la inmensa mayoría por lo que, nos guste o no, lo admitamos o no, vivimos inmersos en un océano de ignorancia y, sobre todo y ante todo, somos unos ignorantes.

 

  “Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”

  Benjamin Disraeli 

 

 Pero quiero hacer mención especial, porque lo creo justo y porque se lo merecen, a esas personas que siendo simples aprendices, o ni siquiera eso, sobre cualquier tema, se las dan de expertos quedando en evidencia una vez sí y otra también, llegando a hacer el ridículo más patético cada vez que abren la boca.

 Esta actitud, de hablar mucho y no decir nada sobre cualquier tema, les delata y les convierte en los más peligrosos forajidos del conocimiento; los ignorantes perniciosos.

 

 

 “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”

 –Baltasar Gracián– 

 

 “Nada hay más terrible que una ignorancia activa”

 Goethe– 

 

 “No hay nada más peligroso que un tonto motivado”

 –Emilio Duró– 

 

 

 

 ¡Cuidado con los forajidos del conocimiento!

 

 Éstos son aquellos que, no satisfechos con su ignorancia, además muestran una conducta jactanciosa y arrogante o, en el mejor de los casos, dispersa y distraída. Como si no fuese su responsabilidad ser tan necios y no pudiesen hacer nada al respecto.

 En ese sentido su ignorancia se vuelve supina ya que, como dice la RAE; “procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse” y traspasa la delgada línea, en muchos casos ya sin vuelta atrás, que separa a la ignorancia de la estupidez.

 Ninguno de nosotros podemos saberlo todo, pero todos podemos informarnos y aprender sobre todo lo que nos interese. Ahora lo tenemos más fácil que nunca.

 Personalmente, para no parecer un ignorante y mucho menos un estúpido, lo primero que hago antes de opinar y hablar de un tema es informarme y luego ser discreto, por si acaso. Si me pilla en fuera de juego siempre opto por no decir nada sin sentido de lo que más tarde pueda arrepentirme. Es cuestión de sentido común, coherencia y respeto hacia la inteligencia de quienes pudieran escucharme o leerme.

 La ignorancia, a veces, se puede disculpar; pero la estupidez jamás se debe consentir.

 

 

 “El ignorante, si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si no abre los labios”

 –Salomón; Rey de Israel– 

 

 

 

 Mantente en tu lugar, lejos de la trampa del ignorante

 

 Por otro lado, cuando nos encontremos con algún comentario o discurso fuera de tono o de lugar y que no se ajuste para nada con la realidad, de un tema que nosotros conocemos y dominamos, antes de calificar a alguien de ignorante o, peor aún, antes de dejarnos llevar por el criterio de alguien que no sabe lo que dice, reconozcamos nuestra propia ignorancia, en general, y luego asegurémonos de que lo que vayamos a decir sea cierto y se pueda probar.

 No caigas en la descalificación gratuita y despectiva. Mejor guarda silencio, o limítate a hacer únicamente una crítica constructiva si es necesario. Pero, sobre todo, no intentes convencer a nadie de nada.

 Esto, por supuesto, en el caso de que la persona a la que estés a punto de rectificar sea alguien cuya reputación te importe o cuyos comentarios erróneos te afecten realmente. En cualquier caso, es mejor que sepas positivamente que va a entender y aceptar con deportividad tu crítica.

 Si no es así no malgastes tu tiempo y tu energía en vano. No merece el esfuerzo porque es inútil. Es mejor no entrar en debate, dejarlo correr y que el tiempo ponga a cada uno en su lugar. Créeme, tarde o temprano siempre ocurre. Así que paciencia y mientras tanto ignora tú a esa persona. Relájate y disfruta. Seguro que habrá algún otro forajido, ignorante pernicioso, o tonto motivado, que le corregirá e intentará convencerle por ti.

 

 

 “Aconseja al ignorante y te tomará por su enemigo”

 -Proverbio árabe- 

 

 “No es poca ciencia aprender a soportar las tonterías de los ignorantes”

 Demófilo– 

 

 

ignorancia

       

 

 Qué tiene que ver la ignorancia con el desarrollo personal

 

 El motivo por el que te cuento todo esto es muy fácil de entender y muy pronto vas a ver qué tiene que ver con tu desarrollo personal. Pero, antes responde a estas preguntas:

 ¿Cuántas veces has estado totalmente seguro de algo, no por creencias sino por tu conocimiento de unos hechos probados, y has tenido que escuchar opiniones contrarias de gente desinformada? ¿Cuántas veces has tenido que escuchar objeciones ridículas y sin sentido, formadas con prejuicios y basadas en opiniones subjetivas, sin ninguna base de conocimiento, acerca de algo que tú conoces perfectamente? No sé tú; pero yo he pasado por esto muchas veces.

 Cuando nos iniciamos en el camino de nuestra reinvención personal es bastante frecuente que nos encontremos con el problema de la ignorancia en personas, en general de nuestro entorno, que tratan de quitarnos la idea de la cabeza.

 Unas veces esa ignorancia es inocente, pues no todo el mundo tiene porque saber las mismas cosas, como ya hemos visto. Pero, entonces, se da en personas con una mentalidad abierta y predispuesta a dejar entrar nuevas ideas.

 En cambio, otras veces, la ignorancia es perniciosa. Esta se da en personas que creen saberlo todo y no tienen intención de aprender nada. Son aquellas que pretenden hacerte creer que son ellas quienes mejor saben qué es lo que más te conviene.

 La mayoría de las veces, todo esto, es sólo una reacción de quienes ven comprometidas sus propias creencias y su statu quo, al ver que hay alguien dispuesto a salir de la zona de confort para mejorar su vida. Les estás poniendo en evidencia y tratarán de convencerte de que no lo hagas y continúes con ellos, en el redil.

 

 

 “Quienes son buenos para destruir tu plan A, no lo son para ofrecerte un plan B”.

  Juan Diego Gómez Gómez

 

 

Consejos vendo, que para mí no tengo

 

 Son muchas las personas que se atreven a ejercer de coaches o psicólogos de andar por casa, auto-acreditados, y no se cortan ni con tijeras a la hora de prescribirte lo que tienes que hacer con tu vida. Como si fuesen expertos en la vida de los demás. Pero, en realidad, no sólo no tienen ni idea de lo que están haciendo ni de qué es lo que más te conviene a ti, sino que, muchas de ellas, ni siquiera saben que hacer con sus propias vidas. Obviamente, sobra decir que no las escuches.

 Cuando estás iniciando tu nuevo camino necesitas aprender de aquellos que ya han alcanzado lo que tu quieres conseguir. Necesitas información práctica y veraz; escúchales a ellos y no a aquellos que solo opinan, sin conocimiento y sin criterio. Tu vida es demasiado importante como para hacer caso a cualquiera.

 Por otro lado, cuando andamos buscándonos a nosotros mismos, puede ocurrir que nos encontremos con ese tipo de personas. Recuerda que nada es casual. Quizá estén ahí para recordarnos algo. Puede que nos estén reflejando aquella parte de nosotros mismos que no nos gusta y estamos tratando de trascender. Reflexiona sobre ello.

 Es nuestra responsabilidad mantener una actitud positiva y hacernos respetar. Es mejor no entrar en el juego de esas personas, que sólo son capaces de ver dentro del radio delimitado por sus propias narices y no son capaces de escuchar ni una sola palabra que no salga de sus bocas. Jamás pierdas el tiempo con ellas. Sólo pregúntate ¿para qué están ahí? ¿Qué debes mejorar en ti mismo para que desaparezcan? Y luego, hazlo.

 

    

 

 ¿Pretender iluminar a otros? Mejor, ocúpate de ti mismo

 

 Es posible que en muchos casos sean buenas personas, bien intencionadas pero desinformadas, llenas de creencias erróneas. Puede ser que sientas la tentación de intentar iluminarlas, ayudándolas a entender que se equivocan. ¡Craso error!

 Por muy comprometido que estés con tu desarrollo y muchas ganas que tengas de compartirlo con todos, estarías sembrando en tierra estéril.

 Por otro lado, además de que es un caso perdido, no tienes ningún derecho a tratar de convencer a nadie. Si lo hicieses estarías cayendo en la práctica egoísta de intentar adoctrinar o manipular a los demás. Incluso podría parecer que utilizas las malas artes del típico y pesado vendedor de motos.

 No se puede ayudar a quien no se ayuda a sí mismo y no quiere ayuda de nadie. De hecho, yo creo que sólo podemos ayudarnos a nosotros mismos.

 Insisto, invierte tu valioso tiempo y tu energía poniendo el foco en encontrarte a ti mismo y a aquellas personas que resuenan en la misma frecuencia que tú y buscan, precisamente, aquello que tú tienes.

 Me alegraré si esta reflexión sobre la ignorancia te sirve, en caso de verte en alguna situación susceptible de aplicar algo de lo aquí expuesto.

 Pero, recuerda que yo no doy consejos a nadie; sólo escribo para que quien quiera entender entienda. Que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca. Como dijo Sócrates, en esta ocasión más que nunca: “Solo sé que no sé nada”.

 

Gracias por formar parte de este proyecto y

Recuerda que somos el cambio

 

Mi nombre es Alberto Corbas y ayudo a la gente a ayudarse. Acompaño en sus procesos a personas que buscan un cambio real, profundo y sostenible, con el propósito de vivir en coherencia; más y mejor.

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