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Existe la creencia de que quien algo quiere algo le cuesta y que, para alcanzar el éxito, o conseguir lo que deseas, tienes que pagar un precio (y no me refiero solo al precio en dinero). Y así es; pero con un matiz.

 Mucha gente cree que todo lo valioso de esta vida cuesta esfuerzo y sufrimiento y que, a veces, tenemos que sacrificarnos y hacer cosas que no nos gustan para conseguir lo que queremos. Por ende, esas mismas personas, creen que cuando algo se consigue fácilmente, es decir, sin sufrimiento, o no vale nada o hay gato encerrado.

 Para quienes piensan y sienten así, así ha sido, es y será siempre. Mientras alguien tenga esa forma de pensar y esa creencia, así es como conseguirá sus metas; con sangre, sudor y lagrimas. Tal y como pensamos que son las cosas, así es nuestra propia realidad, para bien o para mal.

 

 Es verdad; quien algo quiere…

 Pero ¿Y si el precio a pagar fuese otro distinto al que siempre nos han dicho? ¿Y si no hiciera falta sufrir  para hacer realidad nuestros sueños? ¿Cómo te sentirías si pudieses conseguir lo que realmente deseas sin tener que sacrificarte?

 Ahora que nadie se confunda. No estoy hablando de la cultura del porque yo lo valgo, de la que hablamos en el artículo anterior. Estoy hablando de tomar conciencia.

 Yo también he tenido esas creencias, como la mayoría de la gente, pero con el tiempo y la experiencia se aprende. Además, siempre se tiene el derecho a cambiar de opinión. Hay pocas cosas más estúpidas que apegarse a una idea equivocada sólo por orgullo. Y una creencia no es más que una idea que alguien plantó en tu cabeza.

 

 “Hoy voy a decir lo que pienso y siento, aunque es muy posible que mañana lo contradiga todo.”

 –Ralph Waldo Emerson

 

 Ahora sé que todo ese sufrimiento y dolor gratuitos son innecesarios, porque ¡no venimos a este mundo para sufrir! No hace falta castigarse, como Sísifo, trabajando como una mula para no conseguir nada. Por mucho que te empeñes en subirla, la piedra siempre caerá por su propio peso y habrá que empezar de nuevo. Hay otras formas de hacer las cosas.

 

quien algo quiere

 

 No venimos a este mundo para sufrir

 El sacrificio voluntario, por algo innecesario, junto con el sufrimiento que trae consigo, es uno más de los muchos recursos del ego para darse importancia. Nos apoyamos en una serie de creencias, que no son más que falacias, con las que nos envenenan nuestros mayores desde el mismo momento en que nacemos, y después nuestro entorno adoctrinado por el sistema, porque nosotros nos dejamos envenenar.

 Una creencia no es más cierta porque la crean más personas ni más falsa porque la crean menos. Aunque bien es cierto que las creencias que tengamos pueden ser beneficiosas o perjudiciales para nosotros y condicionar toda nuestra vida. Pero una creencia es un patrón de pensamiento, una idea en nuestra mente y, por muy arraigada que esté, una idea o un pensamiento, se pueden cambiar.

 Para empezar, es absurdo creer que algo, sea lo que sea, merece la pena. Esto lleva implícito un sufrimiento. Como si para merecer algo tuviéramos que sufrir o para ser dignos de algo tuviésemos que ser mártires y sacrificarnos. ¿De qué mente enferma salió esa idea por primera vez?

 ¿De verdad crees que te hará feliz algo que, de entrada, te hace sufrir? ¿En serio crees que necesitas eso? ¿O es que tu ego te ha convencido de que necesitas demostrar algo? Una cosa es hacerse digno merecedor de algo y otra muy diferente es convertirse en un pringado.

 

  ¿Realmente merece la pena

 lo que ha de conseguirse con sacrificio?

 

Estoy de acuerdo en que aquello que deseas valga el tiempo, la dedicación, el cariño, la paciencia, incluso el dinero que estés dispuesto a invertir, pero, ¿la pena? En mi opinión, NADA merece ninguna pena.

 En sí misma esta idea es contradictoria y aberrante, porque si estás dispuesto a sacrificarte por alguien o algo, en buena lógica, debería ser alguien o algo que te inspire amor. Pero, en ese caso, lo que haces es un acto de amor y no un sacrificio. Por otro lado, si alguien o algo te exige un sacrificio, no te está inspirando ni transmitiendo amor en absoluto. Eso es egoísmo.

 Comparto que quien algo quiere, algo tendrá que hacer para conseguirlo; algún precio tendrá que pagar. Pero esto no significa que tengas que vender tu alma y arrastrarse por el infierno.

 Nada merece que tengas que pasar ninguna pena y quien te diga lo contrario no te hace ningún favor, como tampoco te lo harás tú mismo si le crees. Eso es intoxicación.

 Sé que cuesta creerlo, cuando has vivido siempre bajo el yugo del engaño, pero lo realmente valioso son las cosas que se consiguen de una forma natural. De la misma manera que la madre Tierra da sus frutos, en armonía y coherencia. Pero recuerda que sólo puedes cosechar aquello que hayas sembrado.

 Si basas tu vida en el sobreesfuerzo, el sufrimiento y el sacrificio eso es lo que vas a tener siempre. La vida te devolverá más situaciones en las que tengas que esforzarte al máximo, sufrir y sacrificarte. Tus creencias y pensamientos crean tu realidad, no por arte de magia, sino porque condicionan tu manera de actuar, tus hábitos y tu estilo de vida.

 

 “Si siembras patatas solo puedes recoger patatas. Si quieres tomates, tendrás que sembrar tomates”.

 –Enric Corbera

 

 Esto tan obvio, que parece una perogrullada, es algo muy importante que la mayoría de la gente olvida. La mayoría vive incoherentemente pidiendo, y exigiendo, peras al olmo y luego se quejan preguntándose por qué no consiguen sus metas o por qué les cuesta tanto esfuerzo y sacrificio alcanzarlas.

 También están los que, orgullosos, consiguen sus objetivos a pura fuerza, tras esforzarse y sacrificarse de un modo extraordinario. Consideran que eso es lo normal y natural, además de lo más digno, y tratan de vender esa moto a todo el mundo, mirando por encima del hombro con arrogante desprecio a quienes ellos consideren que no se esfuerzan lo suficiente. Te invito a revisar este post en el que hablo del orgullo.

   

 El orgullo es una manifestación del ego

   

 Es posible que sea lo normal, pues es la norma, al ser lo más generalizado. Pero en absoluto es natural, ni mucho menos lo más digno. Yo no veo nada natural ni le encuentro la dignidad por ninguna parte a ir patinando sobre hielo cuesta arriba y sufrir para conseguir algo, sea lo que sea. Todo esto es, de nuevo, una trampa del ego.

 La única manera de conseguir lo que deseas, sin sufrimiento y de una forma natural, es haciéndote digno merecedor de ello, viviendo en coherencia y en “estado de flujo” (¡Ohr yeah! ¡Awan bam bery fandango!).

 

 

 Hazte digno de lo que deseas

 ¿Cómo hacerse digno? Parece complicado para una mente intoxicada y cargada de creencias limitantes, lo sé por experiencia propia, pero en realidad es más sencillo de lo que pensamos (creer que es difícil es otra creencia limitante). Es lo que hacemos todos cuando somos niños, desde que nacemos hasta que nos llenan la cabeza de mierda y gilipolleces.

 Hay que aceptarse a uno mismo y a eso que llamamos “nuestro propósito”. Pero, para eso, primero hay que conocerse e identificar dicho propósito, lo cual requiere de un importante trabajo de desarrollo personal. Ese trabajo es el más duro que una persona pueda realizar a lo largo de su vida ya que son necesarios un fuerte deseo, una gran voluntad y mucha disciplina.

 Por otra parte, no se trata de ningún trabajo físico, que cualquiera podría realizar durante unas pocas horas cada día antes de irse a descansar. Se trata de algo mucho más complicado. Es un trabajo mental y emocional que exige dedicación continua a tiempo completo; y esto no lo hace cualquiera. Por eso a la mayoría les parece una utopía y algunos lo consideran un cuento de locos y una tontería.

 Ese es el precio que hay que pagar:

No solo tendrás que trabajar seriamente en tu interior;

además, te tomarán por loco o por idiota.

 Nadie ha dicho que fuera gratis.

 

 Y, por favor; no caigamos en la trampa de que, aunque hagas algo que te guste también tendrás que sacrificarte. ¿En serio? Llámame ingenuo si quieres, pero, apuesto a que quienes dicen eso no están viviendo realmente en coherencia o se siguen aferrando a alguna vieja creencia. El ego les dirige gobernado por el miedo.

 Con mucha probabilidad les engaña haciéndoles creer que tienen que trabajar mucho y muy duro, incluso aunque sea en lo que más les gusta. Es muy posible que el miedo a fracasar o a no tener lo que quieren, el orgullo, la competitividad o, tal vez, la ambición desmedida y mal entendida, les llevan a seguir creándose expectativas y apegarse a resultados. Estos les inducen a sacrificarse, desvirtuando y prostituyendo así aquello a lo que se dedican y que supuestamente aman (profesión, relaciones, aficiones, etc.).

 

quien algo quiere

 

 Escucha a tu corazón

 Cuando escuchas a tu corazón y te dedicas a hacer lo que resuena en ti, como un propósito de vida, no puede haber ningún error. Y no lo hay. Entonces no sientes ninguna necesidad de colgarte medallitas o mostrarte orgulloso, solo por hacer lo que hagas. Entonces, lo que haces, se convierte en algo natural que fluye a través de ti.

 Cuando encuentras aquello que te inspira, tienes un fuerte deseo de dedicarte a ello y vives en coherencia, nada de lo que haces te cuesta un sobreesfuerzo ni se convierte en un sacrificio.  Todo cuanto haces, lo haces desde el amor, no desde el miedo.

 Eso es hacerte digno de tus deseos y ocurre cuando dejas de hacerle caso a ese manipulador y saboteador que todos llevamos dentro. El ego. Ya sea el tuyo o el de alguien a quien, erróneamente, intentas complacer.

 

 “El ego se vale del cuerpo para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse”.

 –UCDM

 

 

 Conclusión

 Está probado que las personas de más éxito pueden pasar muchas más horas dedicándose a su profesión de las que dedican la mayoría de la gente a sus empleos. Sin embargo, las primeras no sienten que estén trabajando, ni mucho menos sacrificándose, como las segundas, por una razón muy sencilla; para ellos no es un trabajo de L a V y de 07:00 a 15:00. Es su misión, la cumplen disfrutándola y hacen de ello su modo de vida y su cultura.

 Viven su propósito y lo hacen sin convertirse en mártires, esclavos o rehenes. Son libres de tomar decisiones y actuar en consecuencia sin que esto suponga ningún problema. Consiguen conciliar su profesión, sus aficiones, sus relaciones, etc. en libertad, con dignidad y con total naturalidad.

 Para que aquello que ocupa tu vida sea digno de ti, debe estar alineado y en coherencia con tu propósito. Para que tú seas digno de ello, debes convertirte, simplemente, en un canal a través del cual pueda fluir.

La vida es como un espejo,

te devuelve el reflejo de lo que tú proyectas

 

 

Quien algo quiere... setuelcambio.com

 

 

 Una ley universal

 La Constitución española dispone que el desconocimiento de la ley no exime a nadie de su cumplimiento, y esto es algo que algunos de nosotros, yo mismo, hemos aprendido y comprobado en la práctica alguna vez. Ignorantia juris non excusat: “La ignorancia de la ley no te libra de ella”. ¡Y caerá sobre ti con todo su peso!

 Pues esto mismo ocurre con las leyes universales. La diferencia es que las leyes humanas las puedes transgredir (bajo tu responsabilidad), son cambiantes, en muchos casos son injustas, y están sujetas a interpretación. En cambio, las leyes universales no dan pie a ninguna interpretación, son firmes, inquebrantables, inamovibles y, aunque a veces no las entendamos, son siempre justas. Existen y actúan de manera indefectible. Que no las conozcas, o no creas en ellas, te va a dar lo mismo.

 Tú sabrás a qué atenerte, tú decides. Aquí no se pretende convencer a nadie; pero te ofrezco una perspectiva diferente a la que nos imponen por sistema, para que reflexiones, si quieres. Tómala con deportividad.

 Sinceramente, a mí me da igual si me crees o no. De hecho, sería mucho más interesante que le echases un par y probases por ti mismo. Pero si no lo haces también está bien, aunque, en ese caso, nunca sabrás qué hay detrás del espejo.

 Como siempre; que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca. Ya sabes que no pretendo tener razón en nada y no doy consejos a nadie; solo escribo para que quien quiera entender entienda.

 

Gracias por formar parte de este proyecto y

Recuerda que somos el cambio

 

Mi nombre es Alberto Corbas y ayudo a la gente a ayudarse. Acompaño en sus procesos a personas que buscan un cambio real, profundo y sostenible, con el propósito de vivir en coherencia; más y mejor.

 

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