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Hoy quiero hablarte de la empatía desde una perspectiva que, quizá, nunca te hayas planteado. Sobre todo, porque si hay algo que me caracteriza es que no soy de los que siguen la línea de pensamiento general porque sí, para no desentonar. Prefiero tener mi propio criterio y expresarlo, aunque vaya contra corriente.

Para empezar, y sin ánimo de tener razón, creo que la mayoría de la gente confunde empatía con simpatía. Por otro lado, creo que el concepto generalizado de empatía está muy sobrevalorado.

Lo digo desde mi posición de coach pues, en coaching, al igual que en otras profesiones en las que acompañamos a personas en sus procesos de autoconocimiento y crecimiento personal, la empatía es una cualidad necesaria para que dichos procesos transcurran satisfactoriamente.

Pero antes de empezar a desarrollar el tema, voy a hacerte un par de preguntas obligatorias. ¿Qué es para ti la empatía? ¿Qué entiendes tú por ser empático?

Tomate unos minutos para reflexionar tu respuesta antes de seguir leyendo y luego, ten en cuenta que lo que voy a exponer es mi opinión que, por estar bien argumentada, es tan respetable como cualquier otra que también lo esté. Después que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

 

 

El falso mito de la empatía

 

Dependiendo del enfoque, la empatía se puede interpretar de varias formas diferentes. La causa son las diversas creencias, hipótesis, teorías o especulaciones que hay en torno al tema. Ni los expertos se ponen de acuerdo.

No obstante, en cierta ocasión leí un artículo acerca de la empatía que reflejaba bastante bien la idea generalizada que existe sobre esa cualidad. En él se enumeraban una serie de características que, supuestamente, toda persona empática debe poseer. Algunas de ellas son:

 

  • Saber escuchar y medir las palabras antes de hablar.
  • Saber cuándo hay que estar con una persona que lo necesita y cuando se la debe dejar sola.
  • Ser indulgente con respecto a los defectos y debilidades de los demás.

 

También añadía que “a las personas empáticas les cuesta cortar los lazos con otras personas que resultan tóxicas en su vida, porque emocionalmente están conectados a ellas”. O que “a menudo se encuentran en situaciones complicadas en las que ejercen de abogado del diablo”.

Lo mejor de todo cuanto decía aquel artículo sobre la empatía, era que “los demás no siempre están a la altura de las expectativas de una persona empática”. Para justificar esto alegaba que cuando ellos, los empáticos, son los que necesitan de otros, o esperan algo de los demás, no suelen recibirlo y esto les provoca una sensación de vacío y frustración. ¡Toma ya!

Puede que todo esto le suene bien a alguien; y estaría genial si no fuese por el tufillo melodramático y victimista que se percibe alrededor de estas afirmaciones. Lo más lamentable es que muchas personas se tragan este cuento y se convencen de que así debe ser. ¿Tal vez, por no pararse a pensar un minuto o, quizá, porque es más chachi comprar la moto y sacarla a pasear?

 

 

Cómo definir la empatía

 

La definición más extendida de la empatía es: “capacidad innata que poseen algunas personas para ponerse en el lugar del otro compartiendo y llegando a sentir su dolor o su alegría, sus preocupaciones o sus esperanzas”.

Pero esta definición tan popular, junto a lo que hemos visto anteriormente, se acerca, más bien, a una especie de condescendencia insana hacia los demás. Según lo explicado, habría que anteponer siempre las necesidades de los otros a las propias esperando recibir a cambio gratitud y reconocimiento. Una conducta enfermiza más típica de un mártir que de una persona emocionalmente madura e inteligente.

Es cierto que muchas personas reconocen sentirse identificadas con esta definición; pero eso no significa que sea correcta ni que esas personas comprendan el verdadero sentido de lo que estamos hablando.

El hecho de que una mentira sea aceptada por la mayoría no la convierte en verdad. Como dijo Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”.

Para ser empático no hace falta encajar en ese perfil. Es más; con todo el respeto, creo que quienes encajen en él tienen un problema de autoestima y se me antojan personas manipuladoras con un trasfondo egoísta. Algo totalmente contrario a la verdadera empatía, que siempre se asocia al altruismo, la generosidad, el respeto y el AMOR.

Por no mencionar el hecho de que la empatía no necesariamente tiene que ser una cualidad innata, sino que es algo que se puede adquirir y desarrollar con entrenamiento; como veremos más adelante.

 

 

La empatía como inteligencia interpersonal

 

Si por empatía aceptamos sin rechistar lo que hemos visto hasta ahora, ya empezamos mal. A quienes dicen esto yo les digo; señores, si saben contar no cuenten conmigo porque no me creo esa milonga ni harto de vino.

Una cosa es identificarse y compartir, hasta cierto punto, experiencias, sentimientos o emociones que nos ayuden a comprender mejor una situación o a otra persona. Pero, otra muy distinta es convertirse en el otro”, como afirman algunos, o “experimentar la vida desde su lugar” (da igual que lo tomemos literal o metafóricamente).

Eso es atribuirse las capacidades divinas de la omnipresencia, la omnisciencia y la omnipotencia, todas ellas en un solo pack, como un SER superior que está en todas partes (incluso en el pellejo de otras personas) y lo sabe todo porque todo lo puede.

Ya sé que se trata de una metáfora que no hay que tomarse al pie de la letra; pero, es que todo esto me suena a película de ciencia ficción de serie B, o a novela cutre de lagrimeo fácil.

Entiendo, comparto y me identifico mucho más con el concepto de empatía como inteligencia interpersonal. Es decir; “la capacidad de relacionarnos y percibir la experiencia subjetiva de otras personas, con el objeto de evocar sensaciones semejantes en nosotros mismos para comprenderlas, no solo intelectualmente sino desde una perspectiva global”.

De la inteligencia interpersonal a afirmar que uno es capaz de ponerse en la piel de otro tipo y sentir exactamente lo mismo, hay un abismo. Me parece un cuento más de los muchos que nos cuenta el ego y una osadía; aunque quede muy bien y a alguien le sirva para ganarse la confianza de algunos ingenuos.

 

Empatía o simpatía

 

Empatía o simpatía; esa es la cuestión

 

Cuando hablamos de empatía, me pregunto si no aplicaremos un criterio hipócrita, selectivo y discriminatorio al elegir, cada cual, con quién se muestra empático. ¿Hasta qué punto la confundimos con su prima la simpatía?

Las personas tenemos una tendencia natural a relacionarnos y comunicarnos con más fluidez (crear rapport) con personas afines a nosotros que nos resultan simpáticas. Por ende, nos cuesta más trabajo hacerlo con personas menos afines que no nos provocan tanta simpatía. Pero eso no es empatía, ¿verdad?

El caso es que, sin una buena comunicación, fluida y bidireccional, en la que haya escucha activa y asertividad, es imposible llegar a entender a nadie y mucho menos “ponernos en su pellejo”, como aseguran algunos que incluso lo firman con sangre si hace falta.

Esto me genera muchas dudas. ¿Es la empatía realmente algo innato que surge espontáneamente o somos empáticos, consciente y voluntariamente, a nuestro antojo y con quien nos place?

Si la empatía es algo innato, que se tiene o no; de tenerla ¿se tiene con todo el mundo? Y, en ese caso, ¿quién podría tener empatía con un asesino, un terrorista, un pederasta, un violador, o un extorsionador? ¿Quién en su sano juicio podría empatizar con un político, un banquero, o un árbitro de fútbol? ¿Qué mente enferma puede empatizar con el cabrón del entrenador personal que te hace sudar y pasarlas putas en el gimnasio? ¿Cómo carajo empatizo con el televendedor que me llama siempre cuando estoy comiendo, el dueño del perro que me despierta ladrando en plena madrugada y se caga en mi jardín, o cualquier otro elemento de semejante calaña? ¿Será que no quiero empatizar con ellos porque no me caen bien? Ufff… Déjame tomar un poco de aire. Gracias.

 

 

¿La empatía nace del AMOR?

 

Una persona verdaderamente empática no debería tener prejuicios ni hacer distinciones. Esta cualidad, tal y como nos la presentan sus fans, está estrechamente relacionada con el respeto y nace del AMOR; y éste es incondicional.

Cuando se dan los requisitos, muy nobles, como el hecho de no centrarse en uno mismo y focalizar tu atención y energía en los demás, ¿realmente se hace por verdadera empatía o se hace por interés? ¿Se hace por altruismo o por egoísmo? ¿Esta actitud viene del AMOR o del miedo? Conozco muchos casos de personas presuntamente empáticas, incluso grandes líderes, que con el tiempo demostraron ser solamente unos manipuladores de mucho cuidado. Personas que, en el fondo, temen no conseguir lo que quieren. ¿A cuántos conoces tú así?

Por otro lado, me pregunto si quienes se creen especiales y afirman ser muy empáticos, solo porque son de lágrima fácil y se emocionan con cualquier cosa, ¿no será, tal vez, que simplemente son más susceptibles? Quizá sólo estén atravesando un momento “especialmente moñas”; no sé.

Pero; si ni siquiera somos capaces de comprender qué es el AMOR, ¿cómo vamos a comprender cualquier otra cosa que venga de él?

Si ni siquiera los grandes maestros espirituales de la historia, que han predicado el mensaje del AMOR, han podido ponerse en el lugar de otras personas, ¿cómo vamos a hacerlo los simples aprendices, que no llegamos a su altura ni en nuestros mejores sueños? No podemos mientras sigamos habitando este cuerpo material sin trascenderlo. No sin desarrollar nuestras capacidades mentales y nuestra percepción, más allá de los limitados cinco sentidos físicos que conocemos.

Pero, sobre todo, no podemos mientras sigamos dejándonos gobernar por el ego que, a su vez, es dominado por el miedo.

 

 

La paradoja de la empatía y la interdependencia

 

Se da la paradoja de que en la sociedad en la que vivimos, en esta era de la globalización y la información, hoy más que nunca somos interdependientes e interactuamos continuamente con los demás, por lo que debemos ser empáticos.

Pero, aun siendo parte del TODO y estando todos conectados, no podemos obviar que cada persona es un individuo. Es decir; cada persona es un SER indivisible que sólo puede ocupar un único lugar en el mundo en cada momento y que, por tanto, no puede ocupar ningún otro lugar a la vez. En consecuencia, está garantizado que nadie más pueda ocupar el lugar que a uno le corresponde.

Para quien piense que me lo tomo de un modo demasiado literal o que lo contemplo desde la perspectiva de la dualidad, recordad que vivimos en un mundo físico y dual, nos guste o no. Eso hace referencia también a todo cuanto un ser humano abarca y representa a nivel intelectual y emocional. Al menos en este plano de existencia. Cuando trascendamos a otro nivel ya veremos lo que pueda ocurrir en él.

En este nivel de existencia cada persona es un SER único e irrepetible. Para bien o para mal, cada persona tiene sus propias características, identidad, necesidades, percepciones, emociones y sentimientos desarrollados desde su propio lugar único, en eso que llamamos espacio-tiempo.

En dicho espacio-tiempo, nuestro mundo dual, nadie ha existido, existe, ni existirá jamás, salvo en el mismo momento de su existencia presente y en su singular espacio temporal. Solo existimos aquí y ahora.

¿Cómo podemos, entonces, ser tan arrogantes de afirmar que somos capaces de ponernos en el pellejo de otro, ni literal ni metafóricamente? Eso va en contra de toda ley física, natural y espiritual. Honestamente, creo que hablar de eso es pura especulación.

 

zapatos usados

 

¿Y qué pasa con el mito de calzarse los zapatos del otro?

 

Olvídate de aquello tan romántico, pero surrealista, de “calzarse los zapatos del otro” y “andar su camino” porque se trata de una utopía. Cada “par de zapatos” es personal e intransferible, tiene un solo dueño y a nadie más le puede encajar.

Por otra parte, el camino que cada uno recorre a lo largo de su vida es una ruta especialmente diseñada por y para un sólo usuario. Ese usuario podrá tener coincidentes y acompañantes con quienes compartir la senda en algunos tramos, pero ninguno avanzará ni un sólo paso por él. Te guste o no, nadie pisará jamás el mismo terreno que tú al mismo tiempo porque ¡A NADIE LE CORRESPONDE HACERLO!

A ver si nos vamos dando cuenta, y nos enteramos de una vez, de que cada uno tiene que recorrer su propio camino y punto. Dejémonos ya de pretender salvar a otros cuando todavía no nos hemos salvado a nosotros mismos.

La buena noticia es que sí existe una forma autentica de empatía, que no tiene nada que ver con todas estas milongas de cuentos fantásticos. Esa empatía se puede trabajar conscientemente y se puede entrenar para potenciarla.

 

 

Las neuronas espejo y la empatía

 

Para la neurociencia, las capacidades cognitivas que tienen que ver con la vida social, como la empatía, están relacionadas con las llamadas neuronas espejo, que desempeñan una función importante en el desarrollo de estas capacidades.

Estas neuronas se activan cuando un sujeto realiza una acción al observar esa misma acción ejecutada por otro individuo de su misma especie. Las neuronas espejo del individuo le condicionan y le hacen “imitar” al otro como “reflejando” su acción en un espejo; de ahí su nombre.

El sistema compuesto por estas neuronas, que no deja de ser un cableado mental, se puede desarrollar con el aprendizaje. De hecho, cuanto más tiempo observando e imitando la conducta observada, mayor será la activación de las neuronas espejo y más se identificará el observador con el observado.

Este mecanismo es fundamental en nuestro proceso de aprendizaje. Se trata, como en otros muchos casos, de un proceso adaptativo. Pero, ¿qué sentido tiene?

Los seres humanos somos sociales y sentimos la necesidad de interactuar con nuestros semejantes. No solo para asegurar la supervivencia y perpetuar la especie, sino también para poder realizarnos. Para ello nos relacionamos en grupos a los que llamamos familias, clanes, pueblos, ciudades o naciones (ahora también redes sociales). A esto se llama integración y adaptación al medio social.

Si trasladamos esto al tema de hoy, para desarrollar la empatía y percibir la experiencia subjetiva de otra persona debemos observarla de un modo profundo y sostenido e “imitar” su comportamiento. Así conseguimos “acercarnos” a esa persona con el fin de evocar sus sensaciones. Pero no te confundas; no se trata de hacer el canelo como un mimo, o imitar al otro como un mono. Es algo mucho más sutil.

 

Empatía y monos

 

Cómo potenciar la empatía sin parecer un mono

 

Si después de todo lo que hemos visto se ha despertado en ti el deseo de potenciar tu empatía y ser más empático con las personas que te rodean, puedes tratar de comprenderlas aproximándote a ellas tomando algunas de estas acciones:

 

  • Puedes acompañarlas poniéndote A SU LADO. Ni delante ni detrás; ni encima ni debajo.  Y, obviamente, no en su lugar. Procura estar ahí cuando te necesiten, dejándoles su espacio y respetando sus tiempos.
  • Puedes contagiarte de sus emociones e incluso impregnarte de sus sentimientos, si hay una cierta conexión; pero siempre en tu lugar y con tu visión particular del mundo y de los demás. Por mucho que nos pese, sólo podemos percibir la realidad (nuestra realidad) con nuestros sentidos.
  • Puedes mantener la mente abierta y practicar el no juicio; limpiar la mente de ideas prefabricadas y tratar de ver a la otra persona con la inocencia y la sana curiosidad de un niño. Sin juzgar, sin expectativas y sin apegos.
  • Algo relacionado con las neuronas espejo, que te puede ayudar a acercarte y conectar con otras personas, es utilizar su mismo lenguaje verbal y no verbal. Pero no exageres para no parecer una burda copia, un mono, o peor aún, un estúpido haciendo burla. Utiliza su código, pero con respeto y sin perder tu propia identidad.
  • Es muy importante aprender a escuchar; esto hay que hacerlo SÍ o SÍ. Escuchar no es poner cara de póker mientras piensas en tu próxima frase o en lo que vas a cenar, como haría Homer Simpson. Escuchar es poner toda tu atención sin juzgar y sin pretender ser protagonista; y aún mucho más que eso. ¿A cuántas personas que se dicen empáticas conoces que no escuchan? Yo conozco a unas cuantas. En otra ocasión hablaremos de esto.

 

“Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”. Goethe

 

  • Puedes utilizar tu mirada como una poderosa herramienta cuando te pongas frente a otra persona. Mírala a los ojos para demostrar que estás con ella y transmitirle interés, confianza y complicidad. Es lo que se llama estar presente. No olvides que la mirada es el espejo del alma, o eso dicen; pero ten cuidado de no intimidar. No trates de imponerte.
  • Puedes demostrar buen humor, pero sin hacerte el gracioso; eso es muy patético y resta credibilidad. No hay nada que se note más y cause desconfianza de un modo más rápido que una sonrisa falsa. Además, no todo el mundo tiene ganas de cachondeo siempre.
  • Puedes mantenerte firme y seguro de ti mismo; eso genera confianza y ayuda a las personas de tu entorno a abrirse hacia ti. Pero antes, confía tú también en ellas mostrándote abierto.
  • Algo muy útil es escuchar a tu intuición y dejarte llevar por ella. La intuición y la empatía hablan el mismo idioma pues conviven en el mismo mundo, que es nuestro mundo interior.
  • Es fundamental tratar a las personas con respeto y AMOR. Sí; he dicho AMOR. No he dicho apego, ni condescendencia, ni indulgencia. Si aún no conoces la diferencia tendrás que aprender de que estoy hablando. Otro tema para otro día.

 

 

Ten respeto por ti y ámate tú antes

 

Todo lo que hemos visto que podemos hacer para potenciar la empatía está muy bien, y realmente funciona. Pero solo lo hará si antes sigues este precepto correctamente: Ámate tú antes para poder amar realmente a los demás y empatizar de verdad con otras personas.

Todo lo anterior no sirve de nada si te empeñas en seguir siendo un jodido mártir y solo finges que te importan los demás, cuando lo único que te interesa es inflar tu propio ego y satisfacer alguna necesidad insana de tu sombra, sacrificándote por vete a saber que causa. Ámate antes a ti mismo, y hazlo bien.

Según cuentan, ya lo dijo el maestro Jesús: “Ama a los demás como a ti mismo”. Es algo obvio que muchos no entienden y a lo que algunos se empeñan en dar la vuelta. Insisto; amate antes a ti mismo, de verdad y sin prejuicios. ¿Cómo sino puedes respetar y amar a nadie más? ¿Cómo cojones puedes ni siquiera pensar en ser empático, o decir que amas a alguien, sin amarte a ti mismo antes que a nada?

En cualquier ámbito, hagas lo que hagas, hazlo con verdadero AMOR, desde el corazón y en coherencia.

 

 

La empatía ya no es lo que era

 

Resumiendo; no es que no crea en el concepto de empatía, es que la empatía no es lo que mucha gente cree. Es otra cosa diferente que no viene del país de las maravillas pasando por los mundos de Yupi.

Personalmente me considero un SER en proceso de evolución; o sea que soy imperfecto y tengo muchos defectos. Entre otros, tengo el defecto de no ser empático, según el concepto que la mayoría de la gente tiene de esa cualidad. También me sale una especie de sarpullido cada vez que alguien me habla de sacrificio.

Sin embargo, considero que aplicando estas técnicas puedo comunicarme con cualquier persona que también esté dispuesta y llegar a entenderla bastante bien. Por supuesto, sin convertirme en un sufridor ni un mártir, o tener la necesidad de reconocimiento y de colgarme ninguna medalla. Esto es empatizar, solo que de un modo diferente al de los cuentos de hadas.

Confío en que esta parrafada te haga reflexionar. Estoy seguro de que, para muchos aprendedores inquietos, la empatía ya no va a ser lo que era.

Pero, como siempre; que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca, sin joder a nadie. Ya sabes que yo no doy consejos ni pretendo convencer de nada a nadie; solo escribo para que quien quiera entender entienda.

 

 Gracias por formar parte de este proyecto.

 Recuerda que somos el cambio

 

Mi nombre es Alberto Corbas y ayudo a la gente a ayudarse. Acompaño en sus procesos a personas que buscan un cambio real, profundo y sostenible, con el propósito de vivir en coherencia; más y mejor.

 

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