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 No voy a negar que con esfuerzo se pueden conseguir grandes logros. Es algo obvio. Pero, ¿Podemos desarrollar nuestro máximo potencial solo a base de esfuerzo? Yo creo que no.

 El esfuerzo, como actitud animosa o indicador de un espíritu resolutivo y de valor, a la hora de emprender una acción del tipo que sea, me parece correcto.

 Pero, sin embargo, el significado más comúnmente aceptado relacionada con este concepto, y que a mí no me gusta, es el de esfuerzo como empleo enérgico de la fuerza y el vigor contra algún impulso o resistencia, para conseguir algo venciendo dificultades; cuando ya se sabe que aquello a lo que resistes persiste, por lo que esta actitud puede convertirse en algo vano e inútil.

 Además, ¿quién dice que tengamos que hacer las cosas difíciles? ¿Por qué? ¿Acaso es una ley universal, de obligado cumplimiento, tener que afrontar dificultades SÍ o SÍ? Pues NO. La naturaleza actúa con sencillez, según la ley del menor esfuerzo; somos nosotros quienes lo complicamos todo.

 

 ‘Sólo hay dos cosas infinitas; el Universo y la estupidez humana. Pero, del Universo no estoy seguro’.
 -Albert Einstein-

 

 En el mejor de los casos, tras haber empleado una serie de elementos y recursos costosos en la consecución de algún fin, habría que preguntarse si ha valido ese esfuerzo y si, lo que acabamos de hacer y el resultado producido era lo que realmente deseábamos hacer y lo que exactamente queríamos producir.

  ¿Realmente resonaba en nuestro interior? ¿De verdad nos lo dictaba el corazón? ¿Hemos sido coherentes con nuestros valores al hacer ‘eso’?¿O lo hemos hecho por obligación, o por vanidad y por puro orgullo, para sentir la satisfacción del deber cumplido? Y, en ese caso, ¿a qué deber nos hemos entregado? ¿Quién o qué nos lo ha impuesto? ¿Para qué?

 Creo que esa idea es una trampa del ego. Otra falacia más, de las muchas que nos inculcan las mentes retorcidas y enfermas que pretenden mantenernos ocupados, compitiendo, luchando y destruyéndonos entre nosotros, para aborregarnos y gobernarnos con más facilidad, dentro de esta Matrix en la que vivimos.

 No se trata tanto de esforzarse sino de ser coherentes y tomar conciencia plena y estar presentes en el momento y lugar que estemos viviendo. Se trata de silenciar al yo egoísta, enfocarte en lo que estás haciendo y confiar en que el resultado será óptimo, sin apegarte a él.

 Obviamente, todo esto resulta mucho más sencillo cuando lo haces desde el amor que te inspira lo que estás haciendo, si lo que haces es lo que amas.

 Se trata de elegir cómo nos comportamos y qué hacemos, con cada momento y en cada situación que vivamos. Es relativamente cierto que, en muchos casos, no elegimos nuestras circunstancias. Pero, siempre elegimos qué hacemos con ellas, tal y como explicaba Victor Frankl en su obra: ‘El hombre en busca de sentido’.

 

 

 Esforzarse o estar presente; esa es la cuestión

 

 El esfuerzo aparece cuando dejamos en segundo plano lo que realmente somos y nuestro propósito, el QUÉ, enfocándonos en lo que se supone que debemos hacer, el COMO y el CUANDOpretendiendo controlarlo todo. Esto lleva implícita una carga adicional de trabajo que va asociada a una serie de expectativas que nos atan y esclavizan y que, de no cumplirse, nos generarán dolor y frustración. Es sufrimiento y, muchas veces, sacrificio. Significa tener que realizar una acción sobrenatural, o no natural.

 Esforzarse es tratar de alcanzar metas desde la creencia de que hay que demostrar algo, para satisfacer al ego o para encajar en un contexto artificialmente diseñado e impuesto. Hablamos del arte de colgarse medallitas y sentirse orgulloso; una simple y vulgar manifestación del ego.

 Estar presente significa ser plenamente consciente del aquí y ahora. Es poner toda tu atención, libre, voluntariamente y de un modo intuitivo, en donde estás, en lo que haces y en lo que sientes, y fluir de un modo natural, siendo coherente con tus emociones y tus sentimientos. Esto no conlleva ningún esfuerzo ni sacrificio de ningún tipo porque se hace partiendo del amor, que es la energía más poderosa. Es amar lo que haces y hacer lo que amas. Es operar según las leyes de la naturaleza, con armonía y simplicidad, sin apegarse a ninguna expectativa de nada, siendo y dejando ser. Es libertad.

 Un ejemplo de esta realidad son los niños, que consiguen realizar grandes proezas como levantarse de la cuna y empezar a dar los primeros pasos, o empezar a modular los primeros sonidos de su voz formando sílabas hasta aprender a hablar, y todo ello sin el menor esfuerzo; simplemente siendo ellos mismos y viviendo el momento presente.

 

  ¿Cuanto ego hay en tu vida?

    

 

¿Cuánto ego hay en tu vida?

 

El problema es que vivimos en el mundo del ego, que es el mundo de la ilusión, y creemos ciegamente la falacia de que tenemos que sacrificarnos y sufrir, esforzándonos para todo, si queremos alcanzar nuestras metas. Pero eso es aceptar un concepto lineal y mecanicista, absolutamente limitante, y negar nuestro verdadero SER y nuestro auténtico potencial, que está por encima de cualquier manifestación del ego.

¿Qué necesidad hay entonces de esforzarse de este modo? La verdad es que no es necesario; sólo creemos que lo es. La única necesidad existente es la del propio ego, nuestro yo manipulador y saboteador.

 

‘El sufrimiento es el resultado del pensamiento incorrecto. Es una indicación de estar fuera de armonía con las leyes del Universo’.
 –David Cameron Gicandy-

 

Pero que nadie malinterprete o tergiverse mis palabras. Que nadie interprete que estar presente es simplemente quedarse mirando a las avutardas, a verlas pasar y ya está. Cuando digo que no es necesario tanto esfuerzo no me refiero a eso.

Por otro lado, que nadie piense que no crearse expectativas es conformarse con cualquier cosa, o con nada. ¡En absoluto! No crearse expectativas es no apegarse a ningún resultado concreto. Es permitir que ocurran las cosas y fluir.

 

 ‘Dejar que ocurra no es lo mismo que hacer que ocurra. No es intentar esforzarse’.
-Timothy Gallwey-

 

No es necesario resignarse, y no lo hacemos, pero tampoco nos convertimos en esclavos de un solo resultado, sea el que sea. Aceptar no es rendirse. Aceptar es fluir. No crearse expectativas, o no apegarse a ellas, es no esperar nada y esperarlo todo.

Por supuesto que es necesario tomar acción y aplicar tu energía si quieres alcanzar tus sueños. Pues claro que hay que tener una actitud positiva y animosa, espíritu resolutivo y valor, como decía al principio, para emprender las acciones que sean necesarias y nos acerquen a nuestras metas.

Sin embargo, dicho todo esto, si yo tuviera que realizar una colaboración con alguien y tuviese que seleccionar a mi colaborador eligiendo entre alguien que se esfuerza como un campeón, sin sentir lo que hace, y alguien que sabe cuál es su propósito y lo vive con plena consciencia, sin esfuerzo, lo tendría claro; me quedo con la segunda opción, siempre. El mundo necesita a personas coherentes que hagan lo que aman y yo quiero estar cerca de esas personas.

Si te interesa, he hablado sobre esto y explicado mi visión en estos artículos de setuelcambio:

 

 

 

No espero que nadie comparta mi opinión, ni siquiera me hago la ilusión de que alguien la entienda. Y no pretendo convencer a nadie ni debatir sobre el tema. Sólo son mi percepción y mi conciencia de este asunto, a las que he llegado tras un largo proceso; viviendo, experimentando y observando.

Que cada uno piense, entienda, crea y actúe como quiera y, como digo siempre; que cada cual haga de su capa un sayo y con su vida lo que le parezca, sin joder a nadie.

Ya hace tiempo que no me interesan los grandes logros conseguidos a base de esfuerzo y sacrificio. No me interesan, ni me impresionan, los mártires, los egos inflados, las pecheras llenas de medallas o las paredes llenas de trofeos y títulos, de quienes se vanaglorian de realizar esfuerzos titánicos en pos de vete a saber qué causa y en bien de vete a saber qué.

 

 ‘El esfuerzo, para el estreñimiento’. 
 –Jorge Bucay-

 

Ahora me interesan, me inspiran y me resuenan, los pequeños logros cotidianos conseguidos a base de coherencia, amor y naturalidad, de los auténticos héroes; las personas humildes y sencillas que, simplemente, viven su vida como a ellas les gusta vivirla, sin pensar en el postureo, en la recompensa materialista inmediata, la palmadita en la espalda, o en el qué dirán.

Esto del esfuerzo es como las almorranas; quién quiera sufrirlo, que lo sufra. Pero en silencio, sin pregonarlo, sin responsabilizar a otros y, por favor, sin pretender que los demás también tengamos que sufrirlo.

Dicho todo esto, recuerda que yo no aconsejo nada a nadie y nunca he afirmado que tenga razón en nada. Sólo escribo para que quien quiera entender entienda.

 

 Gracias por estar ahí
Recuerda que somos el cambio

 

Mi nombre es Alberto Corbas y ayudo a la gente a ayudarse. Acompaño en sus procesos a personas que buscan un cambio real, profundo y sostenible, con el propósito de vivir en coherencia; más y mejor.

 

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